miércoles, 13 de agosto de 2008

Ante todo, compañeros

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Hace ya algunos meses leí un interesantísimo artículo de
Mariano Fernández Enguita en su blog titulado "Radicalismo intelectual e intereses profesionales", y no puedo estar más de acuerdo con él. El profesorado, debido principalmente a su alta preparación, suele ser enormemente crítico con todo aquello que le rodea. Aparte de ser un mal muy español eso de hablar de cosas de las que uno no tiene ni puñetera idea, creo que el profesorado sí está preparado para hablar de muchas cosas.

Con ese mismo radicalismo intelectual tenemos claro, por ejemplo, que los derechos humanos están por encima de todo, que la democracia es la menos mala de las fórmulas de convivencia que conoce la humanidad hasta el momento y que es imprescindible la convivencia pacífica para aprender, para avanzar, para construir.

Es también el radicalismo intelectual el que nos lleva a racionalizar y por tanto rechazar, cuestionar y moderar dogmatismos. Puede sonar contradictorio que en la misma frase aparezca "radicalismo" y "moderación", pero creo que cuanto más se cuestiona intelectualmente una opción ideológica, más se da uno cuenta de que todo es relativo, todo es reversible, y nada es blanco ni negro, sino probablemente gris (esto último, tampoco es seguro).

El radicalismo intelectual nos lleva a analizar los fallos y ensalzar lo que consideramos virtudes y defectos de nuestra sociedad. Pongo algunos ejemplos: ¿los curas? hay buenos y malos, como en todos los trabajos, independientemente de que seamos creyentes o no; ¿las guerras? siempre son malas y hay que rechazarlas, pero hay ocasiones en que los oprimidos no ven otra escapatoria; ¿los políticos? habrá quien crea en lo que hace y hay (tal vez más) que se dedican a expoliar; ¿las familias? están desorientadas, trabajan los dos, pero no se preocupan lo suficiente de sus hijos; ¿los medios de comunicación? pueden ser una herramienta y un medio genial de aprendizaje y comunicación, pero encierran muchísimos peligros, sobre todo para los jóvenes...

¿Y qué pasa cuando intelectualmente nos acercamos a la autocrítica?

El profesorado todo lo hace bien, el profesorado no tiene la culpa de nada en el sistema educativo, el profesorado es el indefenso, el profesorado es el que necesita apoyos, el profesorado necesita autoridad, el profesorado pone todo su empeño en que su alumnado aprenda, el profesorado está muy bien preparado porque sabe hacer programaciones y papeles como nadie, el profesorado sabe muchísimo de su materia y se presupone que explicarlo también, el profesorado necesita sindicatos fuertes, el profesorado... ¿será Dios?

Personalmente considero que el profesorado, igual que los curas, fontaneros, barrenderos, políticos, familias, oficinistas, empresarios... HAY DE TODO. El que no haya conocido nunca en su vida un profesor incompetente (a su lado o impartiéndole clase, en cualquier nivel educativo) que tire la primera piedra... ¿todo lo hacemos bien?

Por eso normalmente, cuando he escuchado la frase "ante todo, compañeros" ha sido para tapar cosas que no interesaba que salieran a la luz, tapar fallos y a veces cosas muy graves llevadas a cabo por el profesorado, machacar al que intenta cambiar algo, anular cualquier tipo de denuncia o comentario... evitar, en definitiva, una sana autocrítica que nos haría avanzar, cambiar, evolucionar, que no significa rechazar todo lo que tenemos, sino analizar punto por punto qué hacemos bien y qué podríamos mejorar.

Hasta que no llegue a nuestra profesión la autocrítica, la autorregulación, y el autoconvencimiento de que no todos los profesores son iguales, no todos somos buenos, no todos somos malos, no todos cometemos errores graves pero sí todos tenemos cosas que mejorar... hasta que no dejemos de creernos invencibles e inmejorables, todo lo que se haga en educación será en vano, puesto que siempre habrá "otro" al que echarle la culpa de todo.

Mi discurso, el que intento reflejar en este blog, no se basa en "quitar", sino en "añadir" y "cuestionar".

Y sobre todo mi mensaje se basa en la evolución (que puede suponer o no el rechazo a lo que hacemos hasta ahora), la vida misma, lo que nos hace ser humanos y haber montado todos los chiringuitos buenos y malos que habitan esta maravilla, este circo o este infierno que es el mundo.



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lunes, 21 de julio de 2008

Champú y gel para piel normal


Todo el mundo tiene la piel seca o tiene la piel grasa. Cuando dices, al hilo de alguna inútil conversación veraniega que tú tienes "más bien la piel seca", siempre hay alguien que responde "ah, no, pues yo la tengo muy grasa, el pelo también"... incluso hay alguna gente (muy extraña) que tiene el pelo graso y la piel seca... maravillas de la genética y la diversidad.

Entonces... ¿por qué se vende el gel para piel normal? ¿por qué tiene tanto éxito?

¿No se trata acaso de una simple convención social, algo indefinible en que no nos ponemos de acuerdo, porque tal vez no existe en realidad, y lo llamamos "normal"?

¿Existe la pretendida normalidad en el pelo y la piel?

¿Existe la normalidad en la sociedad? ¿en los individuos?

¿Existe la normalidad en la escuela?

¿Por qué entonces se compran ese champú y ese gel en muchas familias, y se envía a los chicos a la escuela, una escuela normal, como todo el mundo?

¿Es una medida de ahorro, una manera de facilitar las cosas, una manera de ponernos de acuerdo, una forma de intentar atender a todo el mundo sin contentar a nadie, una manera de convertirnos en borregos, aún a sabiendas que tal vez ellos también sean diversos...?

En fin... paranoias veraniegas que tiene uno.



------> ¿Tendrán estas ovejas la piel normal, seca o grasa? ¿irán todas a la misma escuela? ¿tendrán el mismo pastor, o sea, profesor?

domingo, 6 de julio de 2008

Funcionarios por la Gracia de Dios




Cuenta la leyenda que había una espada clavada en una piedra del Londres medieval, y que nadie era capaz de sacarla, incluso los más apuestos, valientes y preparados caballeros. Un completo desconocido llamado Arturo llegó y la cogió como quien saca el cuchillo de un bote de mantequilla. Desde ese momento Arturo fue aclamado como Rey unificador de Inglaterra, y pensó que iba a ser mejor ser justo con todas las personas de su reino. Solo a posteriori y por voluntad propia decidió Arturo ésto. Si hubiera decidido ser un tirano, lo mismo hubiera dado, porque ya fue aclamado Rey con anterioridad. Lo importante era sacar la espada, no dar de comer a los súbditos, conocer la geografía, la historia, saber tratar a sus gentes, desenvolverse en política exterior, ser un buen estratega, ser capaz de hacer mejoras en el reino... lo importante era la dichosa espadita.


Los Reyes y Nobles medievales europeos, igual que los cargos eclesiásticos hasta nuestros días, lo son por la gracia de Dios, esto es, porque el altísimo no tiene otra cosa mejor que hacer que ponerse a decidir quién vale y quién no en cada territorio, cada iglesia, cada lugar humano. Por la gracia de Dios eran para toda la vida, y su poder era incuestionable. Habían sido tocados por el dedo divino. Lo mismo que ciertos dictadores, como nuestro cercanísimo Paquito (
fam., Franco), que utilizaba lo de "Caudillo de España por la Gracia de Dios" (¡qué gracia tenía Dios, por cierto!). Otros ilustres ejemplos como Pinochet son mucho menos elegantes cuando se autoproclaman "senadores vitalicios".

¿Nos suena? ¿tiene algo que ver esto con el profesorado?


En un sistema que se dice democrático como el nuestro, una de las claves del éxito es la alternancia de poder a partir de la decisión popular. Es decir, las cosas del pueblo las decide el pueblo. Bien sabemos que hay cientos o miles de excepciones a esta norma, pero se supone que las reglas del juego están claras y son conocidas por todos.


La educación es de interés general, es el motor de la sociedad, es la clave del avance económico, se hace con dinero público, es por y para el ciudadano... pero... nadie la controla. No existe la palabra "control" en esta nuestra queridísima educación pública española.


¿A qué viene todo esto? ¡Con lo bien que estamos y lo hacemos todo los profesores y profesoras! Viene a que estamos en época de oposiciones para el profesorado, y el sistema de acceso puede causar la carcajada incluso del más profano en la materia. Se parece bastante al rollito de la espada. Lo importante es hacer el pino con las orejas, dar tres volteretas y terminar escupiendo fuego por la boca delante del tribunal. O sea, inutilidades varias que no garantizan en absoluto que se vaya a ser después mejor o peor profesor. Lo importante es, eso sí, aparentarlo. Y una vez que uno tiene el ansiado 5 y su destino provisional adjudicado, da absolutamente lo mismo lo que haga. Que uno decide ser justo y trabajador (craso error, según la mayoría del gremio), pues allá él. Que decide rascarse los genitales el resto de su vida... pues da lo mismo. Que ama a los niños... bueno, él verá. Que odia a los niños, trata con desprecio a las familias y es un tirano en su día a día... ¡no pasa naaaaaaada!.

Es surrealista realmente que personas que miden su éxito profesional según el número de suspensos que tienen (cuantos más, mejor), que utilizan metodologías de la edad media (dictar apuntes, por ejemplo, o suspender con un 4,8 en un examen, sin considerar otras cosas), que cierran las puertas de su aula y de la escuela a la realidad (virgencita, que me quede como estoy), que consideran cualquier medida de control como un ataque (y no como un derecho de la ciudadanía)... que esa gente (por llamarlos de alguna manera) tengan muchas opciones de entrar dentro del sistema educativo solo porque son más viejos, porque hace 10 ó 15 ó 20 años entraron en una bolsa de trabajo y echaron unos papeles en Delegación. El sistema actual de acceso está especialmente pensado para que este tipo de inútiles ingresen en el paraiso de los funcionarios.


El argumento de "llevo 15 años trabajando y ya lo he demostrado todo" en mi opinión no tiene ni pies ni cabeza. Habrá quien haya demostrado ser un gran profesional, un docente preocupado y comprometido. Y habrá quien se haya dedicado a conocer todos los vericuetos del sistema educativo destinados a trabajar cuanto menos mejor y a protegerse de las continuas "agresiones" (que así son consideradas) del alumnado, las familias, la sociedad, la administración... Ser viejo solo garantiza eso: haber vivido más años. Nada más. Y ya saben lo del Rey Arturo... una vez saquen la espadita... ¡hala, a ser reyes toda la vida!

Una vez superado un temario teórico más propio de ingenieros aeronáuticos que de profesores, una completamente inútil programación, una unidad didáctica igualmente irrelevante (de la que además, están exentos los viejos, por el mero hecho de serlo, que a los ancianos hay que respetarlos)... ya tienes el pasaje a lo que quieras, a las vacaciones de tu vida, al trabajo continuo, a épocas de más o menos trabajo, de más o menos compromiso, de darlo todo o de no dar nada... da igual... todo da igual.


Pocas cosas hoy en día son eternas. El relativismo de nuestro mundo hace que nos cuestionemos absolutamente todo y que solamente sea válido aquello en que nos ponemos de acuerdo que sea: ya lo dijo Habermas, que el consenso es la salvación de la humanidad.


¿Para cuándo un sistema de acceso que permita entrar y salir a todos con facilidad, tanto a fijos como a interinos? ¿para cuándo un seguimiento real de lo que se hace en las aulas, tanto para fijos como interinos? ¿para cuándo echar gente por incompetentes, como pasa en todos los trabajos?


Para el funcionario no hay consenso ni chorradas que valgan: lo es por la gracia de Dios y hasta que la muerte lo separe de la Docencia, esa dama sumisa y predispuesta a cumplir con su marido.


Firmado.: Un funcionario por la Gracia de Dios.



-------> Aquí tenemos a Dios Padre tocando con su dedo a un nuevo interino, que pasará a ser funcionario por la Gracia de Dios. Vaya... porque le ha hecho gracia. Obsérvese el agobio de Dios padre con todos esos candidatos detrás, y el relax del interino conocedor de su plácido destino.