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jueves, 20 de noviembre de 2014

El virus del miedo

El otro día tuve la oportunidad de hablar con un director sobre las inmensas posibilidades de abrir la escuela al entorno, de participación de las familias, de que los espacios del centro sean utilizados por la ciudadanía, el entorno, el barrio... de que las escuelas sean lugares donde se maximicen los espacios y los tiempos para el aprendizaje. Tras hablar de una y mil experiencias que se han hecho al respecto, me comenta dicho director que "eso está muy bien, pero el profesorado tiene vida propia, y tiene derecho por la tarde a estar con sus familias, y a tener su vida". Mi respuesta fue rápida y clara: "no tiene porqué ser el profesorado quien se encargue de la apertura de centros, pero sí permitirlo, y especialmente el equipo directivo".

Entonces surgieron, por enésima vez, como siempre que se habla de estos temas (máxime con un director) los problemas legales. Que si no se puede dejar entrar a todo el mundo, que si el director se juega el tipo, que si puede pasar algo, que si los seguros de responsabilidad civil no cubren lo que deberían... una serie de argumentos que, aunque pueden tener parte de razón, también sabemos de sobra que hay formas de hacer las cosas bien, de tenerlo todo bien "atado" para que sea posible esta apertura (y también colaboración) con las familias y otras personas del entorno. La verdad es que llevo bastante tiempo hablando de estas cosas, y este tipo de argumentos, utilizados además (como hizo la persona en cuestión) de manera contundente, llevaba mucho tiempo sin oírlos. En los últimos años parece que la escuela se va dando cuenta, tímidamente pero con cierto avance, de que es imprescindible abrir espacios y tiempos para la participación.

Detengámonos a reflexionar sobre el discurso del miedo. El poderoso discurso del miedo. Todo un claustro ilusionado, unas familias deseosas de participar (siempre lo están, aunque no siempre sepan, se les permita o se promueva la participación), un alumnado que necesita de la implicación y colaboración de ambos, un entorno que ofrece siempre mil posibilidades culturales y educativas... todo eso se puede venir abajo simplemente con unas "gotitas" del virus del miedo.

El miedo puede llevar a paralizarnos por completo. Por poner solamente algunos ejemplos, el miedo puede llevar a que no sonriamos o demos una palmada en la espalda a una alumna (o un abrazo) porque pueda pensar que es acoso sexual, a que no cambiemos los métodos porque es imposible evaluar de otra forma que no sea con examen (el famoso discurso de que "lo que no está por escrito, no existe, para la administración"), o porque el programa de gratuidad de libros de texto hace que no podamos utilizar otra cosa que no sea eso, a que no vengan las familias ni siquiera a repartir bollería el día de la constitución (porque se les puede "ir la cabeza" y "liarla"), a que se utilicen única y exclusivamente los espacios formales de participación (tutorías, delegadas y delegados, consejo escolar...), a que consideremos que el aula de informática o la biblioteca deben estar cerradas porque "se pueden estropear" (por tanto, mejor no utilizarlas), o a que defendamos que en el centro es el profesorado quien tiene que estar en todo momento y situación, como si nos perteneciera... Por cierto, me gustaría también dejar en el aire la pregunta: ¿es miedo, o comodidad? Eso daría para otro larguísimo post...

Pero hoy no quiero resaltar lo negativo, sino lo positivo, que fue justo lo que hice con mi interlocutor. Afortunadamente, hay cada vez más centros que optan por abrir al máximo sus puertas y sus espacios a la participación. Centros que no precisamente han salido en los periódicos por problemas de responsabilidad jurídica, agresiones o incidentes de cualquier tipo, sino más bien todo lo contrario. Se trata de centros que demuestran día a día cómo la participación eleva el nivel académico, mejora la convivencia y la atención al alumnado. Mi argumento final fue: "hay más de 190 centros, que yo conozca, que van en esta línea y hacen este tipo de cosas, hacen comisiones formadas por familias, profesorado y alumnado donde toman las decisiones, abren sus espacios al máximo. Además, como son centros abiertos a la comunidad, suelen estar encantados de que los visites. No hay más que llamar, visitarlos, y preguntarles cómo lo hacen". Sé perfectamente que hay muchos más que esos 190 centros que lo llevan a cabo, y que no están incluidos en esta lista (como es el caso de mi centro, por ejemplo), pero quería dar nombres concretos.

No podemos permitir que el virus del miedo nos inmovilice. No nos lo merecemos. No lo merecen nuestras familias ni nuestro alumnado, tampoco la sociedad en que vivimos. Desde la legalidad, con las medidas, formas y procedimientos que todas y todos conocemos (o al menos, quienes nos dedicamos a ésto), no solo es posible y deseable, sino que además la participación de las familias, la del alumnado y la de cualquier persona del entorno que esté dispuesta a echarnos una mano da excelentes resultados siempre, en todas partes, en todos los ámbitos.

Tal vez la respuesta esté, como dice el final de la canción "El virus del miedo", de Ismael Serrano, en ese abrazo mutuo que nos salve del miedo: "Pasaron los inviernos y aún sigue escondido, esperando que tu abrazo le inocule la vacuna y elimine el virus del miedo y su locura".




miércoles, 20 de junio de 2012

El ombligo del mundo (post de desahogo y terapia)

(En el descanso de una junta de evaluación, 18:00 h., 20 de Junio de 2012)

Cada vez que llegan juntas de evaluación, me pongo de los nervios... son las tardes más horrorosas de todo el curso, las más tristes, las más deprimentes... sobre todo al comprobar que seguimos utilizando los mismos esquemas de pensamiento de antaño.

Seguimos pensando en asignaturas, y no en capacidades, ni competencias básicas, ni las posibilidades de estudio futuras.

Seguimos (re)afirmando la creencia de que nosotros somos "los buenos", y las familias, el entorno, el propio alumno... los malos, los que tienen que cambiar, tienen que mejorar, y el profesorado, por supuesto, no puede ni quiere ni debe hacer nada al respecto.

Seguimos pensando que lo importante es nuestro propio "prestigio" docente (las comillas, son irónicas), por encima del beneficio para nuestras alumnas y alumnos.

Seguimos sin ponernos de acuerdo en el significado de la "O", de la "ESO". Seguimos sin entender que el título es un derecho, y que nada o casi nada se gana a base de castigos o repeticiones (en Finlandia, por ejemplo, esto lo tienen bastante claro).

Seguimos sin darnos cuenta de que el título de la ESO es un resumen de TODO lo cursado durante CUATRO AÑOS. Pensamos que con una asignatura, con una calificación de "cuatro", una alumna o alumno no merece titular.

Seguimos defendiendo el "café para todos", el mismo trato para todo el alumnado, sin tener en cuenta las desigualdades de partida, ni haciendo nada para que se superen. La atención a la diversidad consiste en que si suspendemos con un 4 a un niño o niña, debemos suspender a todas y todos quienes estén en ese caso.

Seguimos creyéndonos el ombligo del mundo...

...y así nos va.

miércoles, 4 de abril de 2012

Lágrimas en la lluvia

"Todos esos momentos se perderán en el tiempo
como lágrimas en la lluvia"

(Blade Runner)

"Lágrimas en la lluvia. Todo pasaría y todo se olvidaría rápidamente.
Incluso el sufrimiento"

(Rosa Montero)


Los últimos tiempos educativos, junto a mis últimos tiempos personales, hacen que el tono de este blog sea pelín desesperanzador, pelín triste... Cierto que este "Desde mi escuela" no es precisamente lo más alegre de toda mi producción bibliográfica (¿o "blográfica"?), pero ahora la situación es tremenda...

Estoy leyendo el libro de Rosa Montero, "Lágrimas en la lluvia", y aparte de que me gusta porque me suele atraer la ciencia-ficción y las películas futuristas, creo que hace toda una reflexión sobre hacia dónde camina la sociedad y el ser humano, sobre qué somos, qué queda de nosotros, cuál es nuestra esencia, qué es lo importante y lo que no en nuestras vidas, en nuestro mundo. Estoy ahora, justamente, en el pasaje donde aparecen las dos citas que pongo al principio de este post, y que dan título al libro.

¿Somos nuestra memoria? ¿somos nuestros recuerdos? ¿nuestra experiencia? ¿nuestros actos? ¿qué quedará de todo eso en el universo...? ¿somos algo más que "lágrimas en la lluvia"?

A la luz de los últimos tiempos, tal vez quepa pensar que muchas de esas verdades absolutas, esas instituciones intocables, esos Dioses intocables que nos rodean (en forma de economía, religión, estado, relaciones... y escuela) algún día no serán más que "lágrimas en la lluvia". La historia de la escolarización tal como la entendemos tiene apenas 200 años (siendo muy generosos), y eso... ¿es representativo?

Todo, todo lo que hacemos no es más que una mota de polvo en el universo...

...por eso son tan importantes las pequeñas cosas.

Por eso, lo único eterno que tenemos es disfrutar y hacer disfrutar, aprender, sonreir, brillar los ojos, emocionarnos, amar... vivir.

...y eso sucederá, y será para siempre, será eterno cuando suceda, a pesar de esas verdades inmutables, esos castillos y fuegos artificiales en que creemos, que no serán más que lágrimas en la lluvia...


miércoles, 20 de octubre de 2010

El derecho a cambiar de opinión, el derecho a aprender

Después de mi anterior entrada, y como hago casi todas las veces que publico algo, le pido opinión y reflexión a personas cercanas, personas a las que quiero y me gusta saber su postura al respecto...

En este caso, ha sido mi hermano quien me ha dicho: "vale, de acuerdo, mejor hipó
crita que relativista, pero yo es que a veces pienso una cosa muy firmemente y poco después me veo diciendo lo contrario en una conversación".

Evidentemente, si yo no creyera en el derecho a cambiar de opinión, probablemente no sería maestro. El cambio de opinión significa que has aprendido, que has sido capaz de ver una realidad que antes no veías, has sido capaz de ponerte en situación, de ponerte en la piel de quien te habla, de situarte en un contexto concreto. Significa que somos humanos. Significa que aprendemos.

También ocurre que, en la complejidad de las situaciones humanas, de las relaciones, de la sociedad, es imposible contemplar todos los prismas, todas las posibilidades en las que una afirmación es sostenible, o todas en las que no lo es. Por eso, tendremos que avalar una y mil excepciones contínuamente ante cosas que creíamos cerradas, concluidas.


Pero esto no tiene nada que ver con el relativismo, y por eso creo que se siguen manteniendo los argumentos de mi anterior entrada. El relativismo es cuando "estructuralmente" nada se reconoce como cierto, no hay punto de partida, no hay posicionamiento previo, no hay más que indiferencia y la firme creencia de que "todo depende de como se mire", o "todo depende de la cultura", o del individuo.

Hay que decirlo firmemente: hay cosas, como la igualdad de oportunidades, los derechos humanos, la democracia (la auténtica, la cotidiana, no solamente la de cada cuatro años)... que son incuestionables. NO DEPENDEN DE LA CULTURA.


Y además, retomando el argumento respecto al cambio de opinión, quien cambia de opinión sigue construyendo: construyendo una imagen del mundo o de sí mismo, construyendo una opción, una línea, una dirección, un sentido, un significado... aunque el cambio de opinión sea radical, también se estará construyendo.


El relativista es incapaz de construir, y se escuda en las formas y en una estructura vacía de contenido: todo da igual, todo debe ser "a las claras", porque "todo es bueno", o "todo es malo".


Por favor... repito... no lo voy a decir más... "Mejor hipócrita, o mejor que cambie de opinión, que convertirse en un asqueroso relativista".

Hermano, el tema no da para más. Empezamos ya a rallar al personal.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Historia de Jorge, el profesor sin autoridad

Jorge era un profesor muy corriente. En su centro pasaba totalmente desapercibido. No era una persona que destacara en la sala de profesores, ni en el aula. No destacaba especialmente por su protagonismo en las reuniones, ni por ser muy innovador o extremadamente tradicionalista en sus clases. Al menos, eso parecía.

Jorge era un profesor tan corriente, que habitualmente hacía lo que hacen todos los profesores: seguir el libro de texto, explicar, mandar tarea para casa, corregir, y examinar mediante pruebas escritas. En este sentido, tampoco llamaba la atención respecto al resto de sus compañeras y compañeros.


Jorge hacía con las familias lo que suele hacer el profesorado: avisarles sobre todo cuando algo va mal, para quejarse de tal o cual aspecto... siempre guardando las distancias.


Un día, Jorge estaba trabajando en su departamento y vino a verlo Karim. Jorge había tenido un día realmente malo, y se encontraba descansando a la vez que mentalmente pensaba qué ocurría con el alumnado, porqué no había forma de llegarles, porqué sus métodos parecían no funcionar. Karim apenas hablaba español. Llevaba una semana en España y dos días yendo a clase. Llamó a la puerta y directamente entró. Jorge le dijo con voz firme que abandonara el departamento. Karim no lo entendió. Jorge lo repitió, esta vez un poco más fuerte. Karim seguía sin entenderlo. Y Jorge finalmente cogió a Karim del pecho, rompiéndole varios botones, y lo sacó del departamento.


Jorge era un profesor totalmente corriente, que llevaba años estrellándose contra la pared de sus convicciones, de sus formas de hacer. Algo, por otra parte, totalmente corriente. Pero llegó un momento en que consideró que el alumnado no le seguía "porque no le daba la gana", "porque querían reirse de él", "porque la juventud está cada vez peor"... Es decir, cayó en la muy corriente tentación de que él nada podía hacer al respecto. La culpa era de los demás.


Otro día, igual que los demás, como tantos, Jorge entró a clase y se cruzó con Cristina. Cristina era una niña estudiosa. No había repetido ningún curso. Solía obtener notable y sobresaliente en todas las asignaturas, salvo música y plástica. Era, como se suele decir corrientemente, una alumna ejemplar.


Sin embargo, había algo que a Jorge le sacaba de quicio. Cristina no se callaba fácilmente. Era una niña muy querida por el grupo y por su familia. Y era de ese tipo de incómodos alumnos que necesitan argumentos para ser convencidos.


Cristina, además, tenía un grave problema de crecimiento. Algunas de sus compañeras le sacaban dos palmos. No se le notaba el más mínimo atisbo de desarrollo. Sus padres, y ella misma, andaban bastante preocupados. A pesar de todo, sus compañeros la respetaban.


Y como Jorge no estaba acostumbrado a argumentar delante de su alumnado, sino solamente a explicar y corregir, había descubierto que la mejor manera de callarla era llamarla "enana", delante de sus compañeros, en el patio, en el pasillo... se solía dirigir a ella llamándola así, y la dejaba completamente paralizada.

Un día, el padre de Cristina vino al centro queriendo partirle la cara a Jorge. Entró gritando, y lo tuvieron que sujetar. El claustro de profesores, vista la actitud del padre, hizo una reunión extraordinaria para firmar un escrito de apoyo a Jorge.


Jorge no tenía autoridad... pobrecito... ahora, luchemos todos porque la tenga, porque tenga la fuerza y el poder de un policía y un juez.


Un pequeño apunte: Jorge existe de verdad, y Karim, y Cristina, y el padre de Cristina, y el claustro que apoyó a Jorge.

¿Le damos, o no le damos autoridad a Jorge?

-----> Aquí tenemos a Jorge, el pobrecito profesor
corriente y sin autoridad,
con Cristina, la alumna enana.

viernes, 28 de agosto de 2009

No me acuerdo de su nombre

Esta mañana converso con una antigua alumna sobre el nuevo curso, sus expectativas, sus deseos, sus preocupaciones... a la vez que comparte conmigo su punto de vista sobre cómo fue el curso pasado. Es una alumna académicamente muy brillante que pasa a 3º de ESO.





Me dice que tuvo problemas con la profesora de francés, que nada más llegar a clase el primer día del curso pasado, le montó una bronca impresionante, diciéndole: "¿tú diste el año pasado francés?, entonces, ¿cómo se te ocurre matricularte este año? No te vas a enterar de nada, yo no sé lo que haces aquí..."

Sobra decir que esta alumna no suspendió un solo trimestre en todo el año y consiguió una excelente calificación final en la asignatura.

Al preguntarle su nombre, por ver si yo la conocía, me dijo "no sé, no me acuerdo de su nombre, ni siquiera se presentó".

Y concluyó: "es que esa maestra no le cae bien a nadie".

Creo que sobran las aclaraciones y los comentarios.

Otro día dedicaré un monográfico al profesorado de Francés y a la "no obligatoriedad" de su asignatura...

Le invito, querida lectora, querido lector, a recordar los nombres de sus profesoras y profesores. ¿Qué nombres recuerda? ¿por qué los recuerda? ¿por qué no recuerda el resto?

jueves, 25 de junio de 2009

Respuestas globales a problemas locales



Hoy me siento optimista. Hoy va a ser día de propuestas. Ya tocaba. El tono de las últimas entradas de este blog así lo viene requiriendo. Sin embargo, no debo renunciar totalmente a la orientación de denuncia de este blog. Así que si usted, estimada lectora o lector, espera agasajos y palmaditas en la espalda, se ha vuelto a equivocar de blog.

Problemas locales:

Disrupción, nacionalismos, problemas de identidad, interculturalidad (muchas personas la ven como un problema), atención a la diversidad, soledad, familias separadas, paro, diferencias sociales, ciudadanos de primera y de segunda crisis económica y crisis de valores...

Pseudo-soluciones habituales:

Flexibilización de espacios y agrupamientos (segregación), atención por parte de expertos y sin contar con la opinión del sujeto y sus progenitores (en terminología expertista), democracia representativa (el Consejo Escolar del pleistoceno, como le escuché hace poco a D. José Chamizo), soluciones a golpe de billetera, disciplina férrea y militar, fichas para los lentos, para los torpes, para los que hablan raro, para los distintos, la misma escuela de la revolución industrial disfrazada de progre porque tenemos ordenadores...


Sin embargo, hay esperanza:

Hay soluciones reales y factibles. Y están más cerca de lo que pensamos. Y son más sencillas que muchas de las habituales.


Urge retomar el discurso de la JUSTICIA (todo con mayúsculas), la PARTICIPACIÓN REAL y no "por figurar", el DIÁLOGO, el AMOR... urgen respuestas globales, redefinir lo que nos une y no lo que nos divide. Si caemos en los localismos, en lo que nos diferencia, siempre tendremos excusas para que algo no sea aplicable a todas las personas, para decir "con éstos no se puede hacer nada" o para decir "este problema es distinto y requiere otra solución".

Creo que es mejor una solución pequeña dialogada, consensuada, contando con la voz de todas las personas, que una gran solución ideada por personas expertas para problemas específicos.

Para ese cierto sector de profesorado que piense ahora mismo: "sí, vale, palabras muy bonitas, pero eso en qué se traduce", paso a hacer otra lista de propuestas concretas realmente eficaces:

  • No diferenciar grupos de ningún tipo dentro del aula ni del centro educativo: ni de nivel, ni por procedencia, ni por dominio del idioma...
  • Eso sí, el apoyo individual debe existir, pero fuera del horario escolar.
  • Contar con las familias en cada paso que damos, dentro y fuera del aula. Lejos de quitarnos autoridad como profesoras y profesores, da una legitimidad incuestionable a nuestras actuaciones.
  • Organizar las actividades que consensuemos entre todos, sobre todo en el espacio extraescolar, dirigidas no solamente al alumnado, sino a cualquier persona que requiera formación. Del mismo modo, cualquier persona que tenga algo que aportar, que lo haga.
  • Buscar metodologías y actividades de aula que permitan ser realizadas por todo el alumnado: trabajo por proyectos, aprendizaje cooperativo... y otros.
  • Dejar de ser "islas" y edificios cerrados a cal y canto durante cuatro meses al año (hagamos cuentas), y actuar como referente cultural. Un centro educativo debe ser también un centro cultural.
  • Huir de cualquier tipo de discurso, mensaje o medida folklórica o segregacionista. Del mismo modo que andamos cada vez más concienciados de la necesidad del lenguaje coeducativo, es necesario que no utilicemos un lenguaje excluyente.
  • No hablar de culturas, sino de personas. A mí no me interesa como sean "los marroquíes, los rumanos, los gitanos, las niñas, los torpes o los disruptivos". No se trata de analizar y etiquetar, sino de buscar soluciones concretas para esas personas que conviven con nosotros cada día: nuestro alumnado. ¿Quienes somos nosotros para decir cómo son ellas y ellos? ¿no sería mejor preguntarles?
  • AVISO PARA NAVEGANTES: no tiene porqué hacer todo esto el profesorado. No somos "los guardianes del templo", ni "de la sabiduría", ni tampoco somos un servicio técnico 24 horas, ni un cerrajero.
  • Y TODO ELLO, CON MUCHO AMOR hacia quienes nos rodean, a cada paso, en la puerta del centro educativo, en la calle, por los pasillos, en las aulas...

En fín, que se puede. Por tanto, eviten en su discurso el "eso es imposible" o "eso no se puede". Por supuesto que se puede. Además, se trata de medidas que vienen desarrollándose desde hace mucho, mucho tiempo.

Se puede. Otra cosa es que queramos.

domingo, 14 de junio de 2009

¿Gitanos inmigrantes? ¿gitanos españoles?


Lo cierto es que no faltan temas desde la realidad educativa diaria. A cada golpe de página en los diarios, cada "click" del ratón o del mando a distancia y cada vuelta de esquina aparece un nuevo tema para este desconsolado blog. Temas sobran, lo que falta es tiempo.

Hoy mis oídos se quedan atónitos al escuchar a un docente decir públicamente: "celebramos la semana de Inglaterra, la semana de Rumanía, la de Marruecos, y la del pueblo gitano"... (obsérvense los puntos suspensivos).

... (y más puntos suspensivos, para pensar).

Ya puestos, a un servidor de ustedes se le ocurre celebrar la semana de la raza caucásica, la semana de los bajitos, la semana de los retrasados mentales, o la semana de las madres y padres separados. Puestos a crear grupos, generar divisiones y pegar etiquetas, hagámoslo, pero ¡hagámoslo bien!

Podríamos estar siete entradas de blog seguidas hablando de si es conveniente o no celebrar la "semana de" un país. Es verdad que puede ser un gesto hacia esa comunidad, que podrá sentirse así valorada y representada en un centro educativo, a la vez que puede abrir la curiosidad de sus compañeras y compañeros "autóctonos". Y no es menos cierto que se enfoca muchas veces centrándose en lo que nos diferencia más que en buscar puntos en común, y que es un folklorismo que cala bastante poco en el día a día del aula. Aún así, la "semana de..." puede tener sus beneficios.

Pero equiparar distintos países, emigrantes e inmigrantes, con una comunidad que lleva más de 500 años entre nosotros, y que se caracteriza precisamente por la no pertenencia a una zona geográfica concreta, me parece excesivo.

-----> "Ninguna bandera me pone carne de gallina, ninguna bandera me pone de pie" (de una canción de Barricada)

Parémonos a pensar, ¿qué puede sentir el niño o niña gitana que ve cómo se le compara con el inmigrante recién llegado? ¿en qué lugar se sitúa, si no es inmigrante pero a la vez no es considerado autóctono? ¿por qué no aceptar, simplemente, que estamos personas diversas en el mismo territorio, que es el planeta?

Para redondear y completar el topicazo y el despropósito, indica el docente que la actividad "estrella" de la semana del pueblo gitano fue un concierto flamenco de varios alumnos y alumnas en el recreo, tras el cual lo difícil "fue meterlos en clase" (dice el docente, y le faltó decir: "porque son todos unos vagos, y sólo piensan en el cachondeo").

Cuidado con las etiquetas... y con las divisiones.


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"Semana de los enanos", en un centro educativo. "Les propusimos hacer el bombero torero" -dijo el docente- "y lo disfrutaron mucho".

domingo, 19 de octubre de 2008

Diagnóstico: cáncer de psicólogos



Aquel era su primer día de clase, pero desde que abrió la puerta del aula el profesor detectó que su alumnado no debía ser del todo normal: cinco niños saltaban encima de las mesas, tres niñas masticaban chicle y hablaban ignorando por completo su presencia, otro niño y otra niña permanecían al fondo sin hablar, ni mirar, ni probablemente pensar, otra niña amenazaba con el puño a un compañero, otro niño jugaba con sus juguetes... "es un primero de ESO nada habitual", pensó el profesor. Hizo sus cuentas: doce. Doce sobre 25 no cuadraban con sus esquemas de lo que esperaba encontrarse. Ese día su ilusión se empezó a marchitar.


Iba pasando el tiempo, los días, las semanas... el profesor había obtenido las mejores calificaciones de su promoción en la licenciatura de física y química, había quedado el primero con su equipo en varias competiciones deportivas siendo estudiante, había pasado situaciones de todo tipo en su vida (problemas familiares, varias relaciones sentimentales)... siempre había logrado salir indemne, pero ahora no sabía que hacer.

Y al final del primer trimestre, justo cuando estaba a punto de tirar la toalla, cuando a sus ojos no quedaban más opciones que ignorar a su alumnado o pedir una baja perpetua por depresión, apareció ella.

Ella tenía un cierto aire de intelectual progre. Hablaba con los niños de tú a tú. No tenía ningún problema en dar una respuesta ágil, sencilla y contundente que mantuviera al alumnado en su sitio. La respetaban y la apreciaban. Ella había estado muy ocupada en su despacho con cientos de tareas administrativas y hasta entonces no pudo pasarse por esta clase. Al notar en conversaciones de pasillo el agobio creciente del profesor, decidió pasarse a ver qué podía hacer. Al fin y al cabo, era la orientadora del centro (y licenciada en psicología, por cierto).


Lo primero que hizo fue varias anotaciones acerca de los casos más claros: "hiperactividad", "síndrome de falta de atención", "tendencias agresivas"... y de un plumazo clasificó así a nueve de ellos y ellas. Le quedaban 3, y eran los casos de retraimiento al fondo del aula y del alumno que jugaba con sus juguetes. A estos les practicó una prueba de diagnóstico cuyos resultados fueron contundentes: tendencia autista-depresiva para los del fondo, y grave retraso en el desarrollo en el caso del último.


El equipo directivo, con el asesoramiento de la orientadora y las peticiones de auxilio del profesor, decidió crear un agrupamiento flexible de forma que este grupo de niños y niñas que necesitaban un tratamiento especial fueran unas cuantas horas a ser atendidos.

De este modo, durante más de la mitad del tiempo escolar la clase se quedaba con 13 niños sobre 25. Los otros 12 iban a lo que los demás llamaban públicamente "la clase de los tontos" (donde eran atendidos a medias entre la psicóloga, el profesor de pedagogía terapéutica, tres monitores de nosequé...).


Así, el profesor recuperó su sonrisa, los 13 alumnos que quedaron mejoraron de sacar un 9 a sacar un 10, y los que salían del aula... nunca volvieron. Su diagnóstico los había condenado. Con el tiempo unos se fueron, otros se quedaron y protagonizaron serios incidentes que provocaron su expulsión, y otros se fueron marchitando poco a poco, mientras se apagaba su fé en volver con sus amigos, del aula "normal". El niño que jugaba ya no lo hacía. Solamente lloraba y premanecía abstraído.


¿Para quién trabajamos? ¿Para el profesorado? ¿Para el alumnado? ¿Para los y las psicólogas (no confundir con orientadores y orientadoras)? ¿Hacen un papel relevante quienes se centran en la psicología clínica y no proponen medidas educativas válidas? ¿Diagnosticar para segregar?


Propongo pasar cinco tests distintos a esos psicólogos (no confundir con orientadores, que pueden tener otro perfil), y que sean tratados según los resultados.


Cuidado.

Quien se considere a sí mismo normal que tire la primera piedra.



------> Obsérvese a un orientador licenciado en psicología clínica haciendo una intervención sobre su alumnado con el objetivo de lograr su integración en el aula. ¿Cuántas camisas de fuerza invisibles, ideológicas y ocultas utilizamos cada día con nuestro alumnado? ¿cuántos diagnósticos y juicios de valor avalan estas medidas?

miércoles, 13 de agosto de 2008

Ante todo, compañeros

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Hace ya algunos meses leí un interesantísimo artículo de
Mariano Fernández Enguita en su blog titulado "Radicalismo intelectual e intereses profesionales", y no puedo estar más de acuerdo con él. El profesorado, debido principalmente a su alta preparación, suele ser enormemente crítico con todo aquello que le rodea. Aparte de ser un mal muy español eso de hablar de cosas de las que uno no tiene ni puñetera idea, creo que el profesorado sí está preparado para hablar de muchas cosas.

Con ese mismo radicalismo intelectual tenemos claro, por ejemplo, que los derechos humanos están por encima de todo, que la democracia es la menos mala de las fórmulas de convivencia que conoce la humanidad hasta el momento y que es imprescindible la convivencia pacífica para aprender, para avanzar, para construir.

Es también el radicalismo intelectual el que nos lleva a racionalizar y por tanto rechazar, cuestionar y moderar dogmatismos. Puede sonar contradictorio que en la misma frase aparezca "radicalismo" y "moderación", pero creo que cuanto más se cuestiona intelectualmente una opción ideológica, más se da uno cuenta de que todo es relativo, todo es reversible, y nada es blanco ni negro, sino probablemente gris (esto último, tampoco es seguro).

El radicalismo intelectual nos lleva a analizar los fallos y ensalzar lo que consideramos virtudes y defectos de nuestra sociedad. Pongo algunos ejemplos: ¿los curas? hay buenos y malos, como en todos los trabajos, independientemente de que seamos creyentes o no; ¿las guerras? siempre son malas y hay que rechazarlas, pero hay ocasiones en que los oprimidos no ven otra escapatoria; ¿los políticos? habrá quien crea en lo que hace y hay (tal vez más) que se dedican a expoliar; ¿las familias? están desorientadas, trabajan los dos, pero no se preocupan lo suficiente de sus hijos; ¿los medios de comunicación? pueden ser una herramienta y un medio genial de aprendizaje y comunicación, pero encierran muchísimos peligros, sobre todo para los jóvenes...

¿Y qué pasa cuando intelectualmente nos acercamos a la autocrítica?

El profesorado todo lo hace bien, el profesorado no tiene la culpa de nada en el sistema educativo, el profesorado es el indefenso, el profesorado es el que necesita apoyos, el profesorado necesita autoridad, el profesorado pone todo su empeño en que su alumnado aprenda, el profesorado está muy bien preparado porque sabe hacer programaciones y papeles como nadie, el profesorado sabe muchísimo de su materia y se presupone que explicarlo también, el profesorado necesita sindicatos fuertes, el profesorado... ¿será Dios?

Personalmente considero que el profesorado, igual que los curas, fontaneros, barrenderos, políticos, familias, oficinistas, empresarios... HAY DE TODO. El que no haya conocido nunca en su vida un profesor incompetente (a su lado o impartiéndole clase, en cualquier nivel educativo) que tire la primera piedra... ¿todo lo hacemos bien?

Por eso normalmente, cuando he escuchado la frase "ante todo, compañeros" ha sido para tapar cosas que no interesaba que salieran a la luz, tapar fallos y a veces cosas muy graves llevadas a cabo por el profesorado, machacar al que intenta cambiar algo, anular cualquier tipo de denuncia o comentario... evitar, en definitiva, una sana autocrítica que nos haría avanzar, cambiar, evolucionar, que no significa rechazar todo lo que tenemos, sino analizar punto por punto qué hacemos bien y qué podríamos mejorar.

Hasta que no llegue a nuestra profesión la autocrítica, la autorregulación, y el autoconvencimiento de que no todos los profesores son iguales, no todos somos buenos, no todos somos malos, no todos cometemos errores graves pero sí todos tenemos cosas que mejorar... hasta que no dejemos de creernos invencibles e inmejorables, todo lo que se haga en educación será en vano, puesto que siempre habrá "otro" al que echarle la culpa de todo.

Mi discurso, el que intento reflejar en este blog, no se basa en "quitar", sino en "añadir" y "cuestionar".

Y sobre todo mi mensaje se basa en la evolución (que puede suponer o no el rechazo a lo que hacemos hasta ahora), la vida misma, lo que nos hace ser humanos y haber montado todos los chiringuitos buenos y malos que habitan esta maravilla, este circo o este infierno que es el mundo.



-------> He aquí mi propuesta para la nueva temporada 2008/2009 de camiseta corporativa para el profesorado. Acepto pedidos "on-line". Adaptaciones especiales para otras profesiones. Descuentos para grupos. Especiales condiciones para instituciones. No duden en llamarme al 555 555 (ya saben la rima).



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viernes, 20 de junio de 2008

Let it be

Desde este rincón de mi escuela que un día fue mi aula, recién pintada de color verde oscuro, donde un orientador algo chalado (como "de ciencia ficción") me recibió con los brazos abiertos, donde me reencontré con una antiquísima amistad cuya vida se había transformado por completo, tal vez por esas cosas de la edad y el destino...

Desde este rincón que hoy es Departamento pero fue lugar de encuentro, de reunión, de canciones, de guitarras, de sueños por alcanzar...

Desde este rincón escribo hoy porque llega el momento de "dejar estar" a esta escuela.

Lo mejor de todo es saber que algunas personas, algunos sueños, algunos modos de hacer, abrazos, sonrisas, ilusiones... permanecerán en el tiempo y podremos recuperarlas en otro contexto, no sé si con la misma chispa del principio pero seguramente con mayor profundidad. La piel vieja y arrugada es más áspera, pero guarda aprendizajes y sentimientos más fuertes. El árbol maltratado por el tiempo ha visto generaciones y generaciones de vida a su alrededor, y a pesar de los malos momentos continúa dando sombra.

Lo vivido nos ha transformado para siempre, y estoy convencido de que nos ha hecho mejores.

Sin esos cientos de abrazos por los pasillos, esas tres mil melodías gritadas al mundo, esas reflexiones internas y en voz alta, esos diez mil viajes programados (y solo uno realizado), esos momentos de aprendizaje y disfrute que hemos procurado a todo el que nos rodeaba, esos sueños inalcanzables que aún hoy por hoy sobreviven... sin todo eso, mi escuela probablemente no hubiera sido mi escuela, y me atrevo a decir que mi forma de ver la vida tampoco sería igual.

Mil gracias a ese orientador que a pesar de todo sigue en la lucha, que admite la derrota como parte del proceso, que tiene el don de ensalzar lo positivo y es una de las mejores personas (en sentido amplio) que he conocido en mi vida.

Mil gracias a ese pequeño saltamontes que presta oidos, ilusión y lucha desde el día a día, desde lo más cercano, desde donde de verdad se hacen las transformaciones, desde el aula, impregnando de cariño cada momento y a cada persona que se cruza en su camino.

Mil gracias a nuestro profesor más reflexivo, ese profesor de lengua extranjera que se esfuerza por comprender todas las posturas, por conciliar y reconciliar, por entender todas las lenguas y dar pequeños pero firmes pasos, con enorme sensibilidad musical.

Mil gracias también al pitufo gruñón, a la voz muchas veces discordante en lo superficial pero de acuerdo en las cosas verdaderamente importantes, trabajadora incansable, perfeccionista extrema, ilusionadora e ilusionista, fabricante de sueños.

Mil gracias a otros y otras que antes se alejaron de este hogar que fue nuestra escuela: aquella profesora de lengua que era la voz de nuestra conciencia y avisaba siempre acertadamente, aquellos profesores de sociales que soñaban construir una sociedad mejor, aquel artista descentrado pero comprometido, aquel asesor irónico y ácido pero siempre disponible, aquellas personas de la universidad que nos orientaron y nos dieron aliento...

Sudbury, Barcelona, Comunidades, Coros, Guitarras, Reuniones, Ilusiones y Desilusiones, la Autonomía, la Democracia, Grupos Interactivos, Voluntarios, actividades conjuntas... se agolpan en mi cabeza y me hacen sentir que he vivido, que he aprovechado cada momento gracias a esas personas que encontré desde mi escuela.

No quiero terminar esta entrada como empezó, con un "let it be", sino con un "to be continued"... otros puertos encontrará nuestro barco, y nuevas batallas vendrán, con la ventaja de lo que ya sabemos, de lo que ya somos, de saber que se puede descolgar el teléfono en cualquier momento o encontrarnos en cualquier lugar para recibir ese soplo de aliento necesario. Ya digo... "continuará".

Miles de gracias también, como no, a esos niños y niñas, único motivo de ser de nuestros actos.

Miles de gracias a las familias, que en su día demostraron que de verdad les interesaban sus hijos e hijas, y que solo necesitaban ser escuchados para contar con su incondicional apoyo.

Miles de gracias a todos ellos y ellas.

Para el resto de personas que habitan en mi escuela, que también las hay y las he intentado retratar en este blog, para esas otras personas tengo un mensaje reservado de despedida:

¡¡¡¡¡¡ A PELARLA !!!!!!



.......................................




lunes, 31 de marzo de 2008

Mil Gracias, Oriol



Oriol es un profesor joven, muy joven. Vive en mi escuela desde hace un año solamente. Y por esos dos motivos (ser joven y recién llegado) a Oriol le ha tocado impartir Ciudadanía, Cambios sociales y de Género, Patrimonio Cultural de Andalucía y Ética, además de su propia especialidad.

Cualquiera en su lugar hubiera destapado la caja de los truenos con el resto del Claustro o al menos con quienes le han adjudicado tal ensalada de asignaturas. O hubiera optado por seguir fielmente un libro de texto, examinar y no complicarse la vida demasiado.

Sin embargo, Oriol tiene la cualidad de convertir las dificultades en posibilidades, como decía Freire. En cada nueva asignatura ve una posibilidad de enriquecerse a sí mismo y sobre todo a su alumnado. En cada nueva idea que descubre, una nueva actitud. En cada nuevo contenido, una ristra de actividades.

Hay esperanza.


Personas como Oriol demuestran que existe la esperanza de cambiar, la esperanza de que este mundo en que vivimos sea un poco más habitable, un poco más justo, con ciudadanos y ciudadanas (como diría él) que sean capaces de ser felices y hacer felices a los demás, y que sean dueños y dueñas de sus destinos.

En cada nueva lectura, en cada nueva idea que conoce y comparte, se puede observar un profundo deseo de cambio, que extrae a partes iguales de la reflexión intelectual y de su experiencia vital. Dicho de otro modo: aunque no siempre diga lo que siente (es imposible en nuestro universo educativo), sí siente todo lo que dice.

El simple hecho de cuestionarse a sí mismo y a todo lo que le rodea le da esa deseada "distancia epistemológica" que permite sacar conclusiones acertadas, mucho más allá de discursos oficialistas, corporativistas o "de zambomba y pandereta".

Siempre dice que está aprendiendo...

Siempre está escuchando, con ojos y oídos bien abiertos...

Por favor, no dejes nunca de aprender...

Mil Gracias, Oriol, por ayudarme a curar mis heridas.

Nos vemos mañana.


martes, 26 de febrero de 2008

¿A eso llamáis alumnos buenos?

[Sucesos acaecidos recientemente en mi escuela. Historia basada en hechos reales, como las películas que emiten en Telecinco a las 4 de la tarde los fines de semana. Soporífera, pero real, aunque ésta en vez de invitar al sueño tal vez invite a la pesadilla...]

[16:37 p. m. de un día cualquiera. Sesión de Coordinación.]


- (Tutor y a su vez profe de Lengua).- Mi grupo me parece que es bastante bueno, no creo que tengan problema para sacar adelante el curso.

- (Profesor de Inglés).- Sí que es bueno... algunos son un poco habladores, pero se trabaja muy bien en este grupo.


- (Profesora de Ciencias Sociales).- A mí me hacen unos exámenes bastante decentes. Aunque empecé el curso dándoles "el sustillo", ahora están espabilando y al final de curso vendrán las rebajas. Pero que... muy bien.

- (Profesora de Francés).- Tenían muy mala base, pero son gente trabajadora. Así segurísimo que aprobarán...


- (Profesora de Música y Profe de Plástica, a coro).- Son muy buenos, el mejor grupo que tenemos.


- (Profesor de Matemáticas).- ¿Muy buenos? ¿ésto es lo que vosotros llamáis un grupo muy bueno? Ni mucho menos... ¿habéis visto las opcionales que se han cogido, música y plástica? ¿cómo podéis considerar a este grupo un grupo bueno si cogen esas opcionales? La llevan clara en Matemáticas...

[En fin... ya ven ustedes... que resulta que Botticelli, Da Vinci, Picasso, Dalí, Rembrandt, Goya, Velázquez, Monet... eran gente completamente inútil e incompetente que como no valían para otra cosa, se dedicaron a las artes plásticas. Por su parte, Mozart, Bach, Vivaldi, Beethoven, Mahler, Chopin, Debussy, Ravel, Mendelssohn... más de lo mismo... pobres diablos que como no podían alcanzar otra cosa, se dedicaron a la música... Y si estos eran unos mugrosos... ¿qué decir de los de la música moderna, el jazz, o las músicas tradicionales? ¿y qué decir de los decoradores, modistos, grafiteros y otros artistas plásticos? Lo peor de lo peor... nunca se acerquen a ninguno de ellos. Se lo digo porque les aprecio. El roce hace el cariño.]







---------------------- > (Instantánea tomada en un momento de ensayo de Shostakovich en su época de estudiante. Preparaba el examen final de carrera en el Conservatorio de Moscú. ¿Es este un ejemplo de buen estudiante?)






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martes, 19 de febrero de 2008

Definición de Participación




"Participar es hacer ejercicios en clase, y hacerlos es aprender"


Frase para la posteridad escuchada recientemente en mi escuela.
Sobran los comentarios... hoy no voy a añadir nada...




martes, 14 de agosto de 2007

Te echaremos de menos, Fernando

Querido Fernando:

En junio te fuiste de nuestra escuela, después de mil años, para no volver, y lo cierto es que no tuvimos ocasión de hablar y contarte todo lo que, en mi opinón, esta escuela y estos humildes compañeros te debemos.
Sirva este mensaje de homenaje y despedida.

Echaremos de menos:
  • Tu frase "estoy hasta los cojones", nada más llegar a la sala de profesores, en cualquier situación, sin necesidad de que viniera a cuento.
  • Tu otra frase "estoy harto de que se nos eche la culpa de todo", cuando nadie había echado la culpa a nadie de absolutamente nada. Normalmente esta frase terminaba con "la administración también debería..."
  • Tu otra frase "esto no vale para nada", refiriéndose a cualquier cosa que cualquiera hacía en la escuela, sobre todo si se trataba de una innovación.
  • Tu reciente frase "este no es el cortijo de nadie"... y digo yo, ¿de quién era el cortijo, Fernando?
  • Esa negativa a cualquier cosa que supusiera un mínimo esfuerzo de puertas para afuera del aula, ya fueras tú o cualquier otro compañero y compañera del centro quien lo hiciera. Incluso actividades arraigadas en la escuela que todo el mundo valoraba, tú no las veías con buenos ojos. Tú sabrás el porqué.
  • Esa campaña desleal y sucia que hacías con el alumnado en favor de tu asignatura y tu persona, y en contra de otras personas, otras posiblidades, otras asignaturas.
  • Ese victimismo con que te ganabas a gran parte del claustro y equipo directivo, que realmente te funcionó en más de una ocasión.
  • Esa forma de no defender alumnos o alumnas que tenían un 4,5 en un examen final y de ello dependía que repitiesen curso o no... y repitieron.
  • Esa obsesión por cumplir el temario a toda costa, como si de ese modo se demostrase que uno es mejor profesional. Poco te importaba dejarte alumnos y alumnas por el camino. Bastante poco.
  • Esa manera de intervenir en las reuniones, esperando a que todo el mundo expusiera su postura para tú después dar el hachazo final y mostrarte en desacuerdo beligerante (no dialogante) con todas las opiniones.
  • Eso de no decir las cosas en la cara, sino en corrillos y haciendo campaña a favor o en contra de lo que te interesara en cada momento. Muy profesional por tu parte. Y muy cínico también.
  • Esa hipocresía que salía a relucir cuando utilizabas frases como "estos pobres niños lo que necesitan...".

Por esto y probablemente por otra docena de cosas más, querido Fernando, te tengo que decir con lágrimas en los ojos que, por favor, si te has ido...

no vuelvas más.


Besitos.




jueves, 5 de abril de 2007

Independence day

En donde yo vivo hay un hombre, toda una personalidad, que creo merece una especial atención y mención en este rincón virtual.

Este vecino mío se define a sí mismo como un auténtico defensor de los "valores de occidente". Tanto y tan fuerte defiende estos valores que, cuando un día vino la televisión a hacer una encuesta de esas que te ponen la alcachofa en la boca y te preguntan la primera chorrada de primera plana del telediario de turno, el buen hombre aprovechó para declarar que "lo de la inmigración hoy en día es una auténtica invasión, esta gente está echando abajo los valores de occidente... países que no tienen moral, que no creen en los derechos humanos nos están imponiendo sus puntos de vista antidemocráticos, con el trabajo que ha costado a nuestra civilización ser tan avanzada... quiero mostrarme públicamente en contra de la interculturalidad".

El corro de vecinos que saltaba, intentando chupar cámara, entusiasmados porque "la tele ha venido al barrio" guardó un repentino y sepulcral silencio. Y la pobre periodista, probablemente mucho más afín al "Tomate", "el estatut catalán" y otras chorradas similares, no pudo evitar la mirada desencajada y sonrisa falsa mientras afirmaba "muy interesante su aportación". Nunca nadie vio su declaración en ninguna parte. Menos mal, debo añadir.


Señores de la OTAN, del Pentágono, de la Administración Bush... ¿no son conscientes ustedes de lo que se están perdiendo? ¡Hay un españolito medio, moreno, bajito, de piel oscura... que habla en los mismos términos que ustedes! ¡Lo que se están perdiendo, otro que dice que hay que salvar a la humanidad de los extraterrestes, como en "Independence day"!

En su día no me atreví, como tampoco la ONU con Estados Unidos, a plantar cara a mi vecino públicamente (tal vez eso sí hubiera salido en la tele), pero ahora me gustaría lanzarle algunas "preguntas al azar" (como diría Mario Benedetti):

  • ¿Es España un país de "pureza occidental", o se formó a partir de la mezcla de culturas?
  • ¿Cuántas palabras, adelantos, comidas e ideas árabes permanecen en nuestra historia española?
  • ¿Cuántas dinastías, culturas, invasores... ha tenido España? ¿diez? ¿veinte?
  • ¿Cómo se construyó y se construye la civilización occidental? ¿repartiendo caramelitos y bienestar? ¿o a base de sangre, guerras y sumisión? ¿hay en la historia vecedores y vencidos?
  • ¿No es el neoliberalismo occidental el que mantiene las condiciones de vida y trabajo en el llamado "tercer mundo"?
  • ¿Qué culpa tienen las personas que vienen a España de los regímenes de sus respectivos países, si precisamente vienen huyendo de ellos?
  • ¿No es acaso la religión la única válvula de escape de las multitudes oprimidas? ¿no es la religión un arma más del poder? ¿no ha sido y sigue siendo así en nuestro mundo civilizado y occidental? ¿es que la religión occidental ha sido pacífica, igualitaria y democrática?
  • ¿Esta democracia nuestra cuenta de verdad con las voces de todos y todas? ¿o se está reduciendo cada vez más a repartir las migajas del pastel neoliberal y capitalista? ¿acaso no se está convirtiendo en un gesto casi simbólico de echal un papel en una urna cada cuatro años?
  • ¿De verdad tenemos todos iguales derechos dentro de nuestra súper-civilización?

En fin... se me ocurrirían muchas más preguntas, muchas más ideas, pero me gustaría acabar con un pequeño detalle... insignificante...

mi vecino es...

profesor...

de historia...

en niveles obligatorios...

sábado, 24 de marzo de 2007

En ocasiones veo muertos

Pudiera parecer que lo que hoy escribo es un relato de terror, un relato de esos que tiene lugar cerca de algún cementerio, con muertos vivientes y todo tipo de horrores, donde uno llega un momento en que no se distingue lo que es y lo que no es real.

Como todo buen relato, éste tiene lugar en un centro educativo... ¡perdón! quise decir en un cementerio... debe ser el subconsciente. Y al igual que algunos grandes ejemplos del género, todo comienza cuando a los muertos no se les deja en paz, esas personas que vienen a morir día tras día junto a nosotros, vigilándonos tras de la puerta, acechándonos detrás del espejo, cuando nos damos la vuelta, al final del pasillo oscuro de nuestro Centro... ¡perdón, de nuestra casa!


Aparentemente son como nosotros, solo que generalmente algo más mayores. Algún caso también hay que murió joven, pero con la alta esperanza de vida de nuestra sociedad del bienestar occidental, casi todos ellos rondan los 50 años de edad... ¡perdón, quise decir 80!



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Compañeros en un pasillo cualquiera de
un Centro Educativo (¡Perdón, muertos
vivientes de un Cementerio!,
qué cabeza la mía)








Son los encargados de vigilar nuestra alma, de custodiar nuestra entrada en el paraiso, del futuro de la humanidad, pero cuando alguien osa molestarlos o redireccionar el destino de nuestro Centro Educativo... ¡perdón, de nuestro cementerio!... cuando alguien introduce en sus conjuros diarios la palabra INNOVACIÓN... ¡perdón, quise decir SATANÁS!... cuando alguien incumple de ese modo la Ley Divina del Funcionariado... ¡perdón, quise decir de Dios!... cuando alguien osa divinizar algún mortal (llámese familia, administración... o mucho peor... ¡alumnado!)... cuando uno hace ofrendas a Satán-Innovación y desoye la voz de sus difuntos (esto es, compañeros), aun aspirando a que le dejen en paz, que le dejen adorar a quien quiera, que le dejen "estrellarse" (según ellos), en decisiones que aparentemente no tienen nada que ver con los difuntos, siendo competencia únicamente de los mortales... Cuando todo esto sucede...

LAS ALMAS DE LOS MUERTOS LE PERSEGUIRÁN DE POR VIDA....

(Risa malévola... ¡Mua-ha-ha-ha-ha-háaaaaaaaa!)

A los muertos hay que dejarlos en paz, como dice un amigo mío en que a menudo me inspiro... pero ¿qué pasa cuando uno se encierra en su aula a esperar que el chaparrón pase y aún así la Justicia Divina toca a tu puerta? ¿qué pasa cuando uno no propone ni dispone ni hace conjuros, sino que aspira a vivir con sus mortales del aula para adentro?

Hubo un día en que unas cuantas personas nos pusimos en contacto con los muertos para hacerlos reflexionar... pero la reflexión no es lo mismo que el destino, ni lo divino necesita la reflexión, por lo que el conjuro falló.

Y desde entonces padecemos la maldición de los muertos vivientes... día a día... hora tras hora...

Pero digo yo... si nosotros no proponemos, ni disponemos, sino que totalmente asustados e impresionados por apariciones y manifestaciones espiritistas anteriores nos encerramos en nuestro aula...

¿A quién se le ha aparecido SATÁN-Innovación en más ocasiones?

¿Quién ve muertos donde no los hay?



lunes, 22 de enero de 2007

Yo y el expertismo



Sí, sí... esta vez creo que me he inventado un "palabro" nuevo... "expertismo". Y la cotidianeidad de las aulas me hace no gozar ya de mi status de profe vacacionero. Por eso ni siquiera me voy a preocupar por buscarla en el diccionario.

El "expertismo" o "expertitis" es esa epidemia que le da a un gran se
ctor del profesorado en cuanto llevan medio año trabajando, que consiste en creerse ya un experto (y por tanto intocable) en la materia. El problema de esta enfermedad es que es altamente contagiosa, y que uno se da cuenta rápidamente que es incompatible con el "padrismo" o "padritis" (tener en consideración a los padres de la criatura con que trabajamos) o con algo mucho peor, el "administracionismo agudo de estómago", que hay que tener estómago para tragarlo, por consistir en estar de acuerdo con la administración.

Por eso un gran número de nosotros y nosotras decide "motu propio" que se le pegue esa enfermedad, algo así como hace uno con la varicela cuando es pequeño, que es mejor pasarla cuanto antes. Y al igual que ésta, deja marcados nuestros genes para siempre. Muchos de nuestros colegas piensan que es preferible un "mal menor" para toda la vida, que las otras dos enfermedades antes descritas, mucho más fulminantes.

----- (Compañero visiblemente feliz
porque comienza su expertitismo)

Ocurre que cuando uno lleva tres meses (no hace falta mucho más) empiezan a olvidársele los sueños de juventud, la adolescencia... es el primer síntoma (similar al alzheimer). Seguidamente, si uno es padre o madre automáticamente se le olvida también este papel, y el de ser de izquierdas, o de derechas, o creer en algo en la vida. Aquí la cosa empieza a agravarse.

Más adelante, cuando uno tiene sus primeros encuentros con las familias y con la administración, puesto que suele suceder que éstos contagian la "padritis" y el "administracionismo", uno decide mucho más pegarse a aquéllos que han sido aceptados por la sociedad a pesar de que su expertismo les haría merecedores de un buen psiquiátrico.

Por otra parte, suele suceder que en cuanto uno acude a uno de esos
utilísimos curso sobre "Las TIC, los espermatozoides en Australia y su didáctica"... ya la cosa llega a su apogeo. "Encima, me formo para ser aún más experto", "¿Y luego va a venir un padre, una madre o la administración a decirme a mí lo que tengo que hacer?".

Los daños colaterales que provoca esta enfermedad son la soledad, la tristeza, el desamparo, la monotonía, el aburrimiento y la desidia... todos ellos males menores comparados con la padritis y el administracionismo.


(Algunos insignificantes
daños colaterales)

Por eso si alguien sigue siendo tan suicida como para pensar que es mejor no caer en el expertismo sepa que no me hago responsable de lo que voy a decir a continuación.

EL TRATAMIENTO PARA EL EXPERTISMO CONSISTE EN

SABER ESCUCHAR Y SABER DIALOGAR,

duras palabras para cualquier experto como nosotros.

Ustedes verán lo que hacen.

Yo me lavo las manos si luego son tan ruines de llevarse bien con su alumnado, sus familias o con alguien que medianamente pertenezca
a la administración o sea un cargo superior.