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jueves, 23 de noviembre de 2017

Normativa postmoderna

Quiero dejar claro, antes de nada, que este post no es una crítica a la LOMCE, o no lo es SOLO a la LOMCE, sino a absolutamente toda la legislación educativa existente a nivel nacional y autonómico desde la LOGSE hasta nuestros días. No hay, por tanto, interés alguno en mostrar mi apoyo o crítica expresa al gobierno, la oposición, o cualquier otra opción política... entre otras cosas, porque tampoco tengo demasiada fe en que cambien las cosas. Solo quiero poner encima de la mesa algunas contradicciones. Tengo la sensación de que son tantas, que sería inabarcable. Seguro que se me escapan algunas. Solo expondré a continuación las que considero más relevantes:

Se defiende la inclusión, como principio transversal a todo el sistema educativo, pero se permiten agrupamientos flexibles de nivel, adaptaciones curriculares (siempre para los mismos grupos sociales), matemáticas "fáciles" y "difíciles", reválidas, diagnósticos y más diagnósticos, programas de mejora de los aprendizajes... eufemismos de "grupos de listos y tontos". Cada día hablo más claro, lo siento.

Se defiende la libertad religiosa, y lo que se consigue también es, especialmente en contextos multiculturales, agrupar a todo el alumnado católico, blanco y de clase media en los mismos grupos. Las personas de otras nacionalidades y creencias religiosas, mejor en otro grupo distinto, no sea que "se les pegue" algo.

Se defiende el bilingüismo, porque vivimos en un mundo global que necesita idiomas (especialmente, el inglés) para desenvolverse. Sin embargo, el sistema decide de mil maneras quién debe ir o no a bilingüismo. A veces, amparándose en la excusa de los recursos, otras veces, directamente agrupando a los "tontos" (de nuevo) en los grupos no bilingües. Incluso está el argumento de la libre elección de las familias, que no es más que puro y duro determinismo social: ya sabemos de antemano quién va a elegir o no bilingüismo, y qué perfil va a ir o no a determinados grupos. Si algo es bueno, lo debe ser para todas las personas.

Se defiende dar la mejor educación posible, y de calidad, y sin embargo los niños y niñas que entran en Secundaria con malas calificaciones en matemáticas y/o lengua, van directamente a refuerzo de lengua o matemáticas, sin opción a cursar otra optativa, como francés. Me gustaría que me explicaran cuál es la teoría pedagógica por la cual alguien que suspende matemáticas no puede aprender otro idioma.

Se defiende la ciudadanía democrática, educación para la paz y convivencia, diálogo... pero se anula el poder de decisión del Consejo Escolar y del Claustro en favor de una Dirección (ni siquiera equipo directivo) omnipotente, que decide en cada momento a quién dar o no dar voz, sobre qué temas...

Se defiende la innovación pedagógica, las alternativas metodológicas, otras formas de evaluación, pero no se forma al profesorado para ello, y la formación sigue siendo voluntaria, fuera de horario escolar, y no hay ninguna exigencia, rendición de cuentas, o evaluación del impacto en las prácticas docentes, entre otras cosas porque no existe una carrera profesional docente. Y hace mucho que sabemos que es necesario.

Se defiende la educación global, por competencias, antes "básicas", ahora "clave", pero antes y ahora sigue habiendo competencias de primera y de segunda clase. Con las pruebas de diagnóstico, con los informes PISA y con otros inventos autonómicos. La competencia lingüística y matemática parecen seguir siendo, como antaño con las matemáticas y lengua, la máxima expresión de nuestra civilización, o de lo que significa "tener nivel". Lo demás son "Marías" (se sigue utilizando el término sexista), inutilidades... a excepción del inglés, que últimamente ha subido al Olimpo de las "imprescindibles". ¿De verdad han leído o se creen a Gardner?

Se defiende una evaluación continua, global, por competencias... pero se fijan reválidas, se evalúa sobre todo con exámenes escritos (imposible, con una sola herramienta, medir competencias), siguen los exámenes de acceso a la Universidad...

Se defiende la apertura de los centros a la comunidad, al entorno, pero sigue habiendo una gran ambigüedad sobre cuándo, cómo y para qué debe entrar esa comunidad. Tanta ambigüedad, que dependiendo del Inspector o Inspectora de turno, o la Consejera o Consejero de turno, promoverá la apertura, o inoculará el virus del miedo entre el profesorado (por "si pasa algo..."), o se ponen mil trabas burocráticas (proyectos, plazos, documentos...) para mantener los centros cerrados y dando argumentos al profesorado más inmovilista.

En definitiva, el sistema educativo está instalado en el "todo vale", en la falta de referentes claros y concretos. Nuestro sistema educativo sigue corriente filosófica mayoritaria de nuestro tiempo: el relativismo moral e incluso profesional (propongo utilizar "relativismo profesional") más radical. Da igual lo que hagas, siempre que lo justifiques en los papeles. Las prácticas, se supone, vienen por inspiración divina, o por arte de magia desde los papeles al aula.

¿Difícil de arreglar? Llamadme iluso, pero creo que no es tan difícil aplicar lo que dice el sentido común, o lo que se hace en cualquier profesión: hacer lo que se sabe que funciona, en otros lugares, en otros contextos, estar al tanto de lo que las mejores teorías y prácticas pedagógicas nos dicen, copiar lo que hacen los mejores sistemas educativos del mundo. Claro, que eso significa renunciar al ombligo ideológico de cada partido (o peor aún, a sus intereses electoralistas), y al amiguismo de "mi amigo el gurú educativo que va a revolucionar la educación en España", previo cheque al portador. Igual sí, soy un iluso.

Mientras tanto, seguimos...

jueves, 20 de noviembre de 2014

El virus del miedo

El otro día tuve la oportunidad de hablar con un director sobre las inmensas posibilidades de abrir la escuela al entorno, de participación de las familias, de que los espacios del centro sean utilizados por la ciudadanía, el entorno, el barrio... de que las escuelas sean lugares donde se maximicen los espacios y los tiempos para el aprendizaje. Tras hablar de una y mil experiencias que se han hecho al respecto, me comenta dicho director que "eso está muy bien, pero el profesorado tiene vida propia, y tiene derecho por la tarde a estar con sus familias, y a tener su vida". Mi respuesta fue rápida y clara: "no tiene porqué ser el profesorado quien se encargue de la apertura de centros, pero sí permitirlo, y especialmente el equipo directivo".

Entonces surgieron, por enésima vez, como siempre que se habla de estos temas (máxime con un director) los problemas legales. Que si no se puede dejar entrar a todo el mundo, que si el director se juega el tipo, que si puede pasar algo, que si los seguros de responsabilidad civil no cubren lo que deberían... una serie de argumentos que, aunque pueden tener parte de razón, también sabemos de sobra que hay formas de hacer las cosas bien, de tenerlo todo bien "atado" para que sea posible esta apertura (y también colaboración) con las familias y otras personas del entorno. La verdad es que llevo bastante tiempo hablando de estas cosas, y este tipo de argumentos, utilizados además (como hizo la persona en cuestión) de manera contundente, llevaba mucho tiempo sin oírlos. En los últimos años parece que la escuela se va dando cuenta, tímidamente pero con cierto avance, de que es imprescindible abrir espacios y tiempos para la participación.

Detengámonos a reflexionar sobre el discurso del miedo. El poderoso discurso del miedo. Todo un claustro ilusionado, unas familias deseosas de participar (siempre lo están, aunque no siempre sepan, se les permita o se promueva la participación), un alumnado que necesita de la implicación y colaboración de ambos, un entorno que ofrece siempre mil posibilidades culturales y educativas... todo eso se puede venir abajo simplemente con unas "gotitas" del virus del miedo.

El miedo puede llevar a paralizarnos por completo. Por poner solamente algunos ejemplos, el miedo puede llevar a que no sonriamos o demos una palmada en la espalda a una alumna (o un abrazo) porque pueda pensar que es acoso sexual, a que no cambiemos los métodos porque es imposible evaluar de otra forma que no sea con examen (el famoso discurso de que "lo que no está por escrito, no existe, para la administración"), o porque el programa de gratuidad de libros de texto hace que no podamos utilizar otra cosa que no sea eso, a que no vengan las familias ni siquiera a repartir bollería el día de la constitución (porque se les puede "ir la cabeza" y "liarla"), a que se utilicen única y exclusivamente los espacios formales de participación (tutorías, delegadas y delegados, consejo escolar...), a que consideremos que el aula de informática o la biblioteca deben estar cerradas porque "se pueden estropear" (por tanto, mejor no utilizarlas), o a que defendamos que en el centro es el profesorado quien tiene que estar en todo momento y situación, como si nos perteneciera... Por cierto, me gustaría también dejar en el aire la pregunta: ¿es miedo, o comodidad? Eso daría para otro larguísimo post...

Pero hoy no quiero resaltar lo negativo, sino lo positivo, que fue justo lo que hice con mi interlocutor. Afortunadamente, hay cada vez más centros que optan por abrir al máximo sus puertas y sus espacios a la participación. Centros que no precisamente han salido en los periódicos por problemas de responsabilidad jurídica, agresiones o incidentes de cualquier tipo, sino más bien todo lo contrario. Se trata de centros que demuestran día a día cómo la participación eleva el nivel académico, mejora la convivencia y la atención al alumnado. Mi argumento final fue: "hay más de 190 centros, que yo conozca, que van en esta línea y hacen este tipo de cosas, hacen comisiones formadas por familias, profesorado y alumnado donde toman las decisiones, abren sus espacios al máximo. Además, como son centros abiertos a la comunidad, suelen estar encantados de que los visites. No hay más que llamar, visitarlos, y preguntarles cómo lo hacen". Sé perfectamente que hay muchos más que esos 190 centros que lo llevan a cabo, y que no están incluidos en esta lista (como es el caso de mi centro, por ejemplo), pero quería dar nombres concretos.

No podemos permitir que el virus del miedo nos inmovilice. No nos lo merecemos. No lo merecen nuestras familias ni nuestro alumnado, tampoco la sociedad en que vivimos. Desde la legalidad, con las medidas, formas y procedimientos que todas y todos conocemos (o al menos, quienes nos dedicamos a ésto), no solo es posible y deseable, sino que además la participación de las familias, la del alumnado y la de cualquier persona del entorno que esté dispuesta a echarnos una mano da excelentes resultados siempre, en todas partes, en todos los ámbitos.

Tal vez la respuesta esté, como dice el final de la canción "El virus del miedo", de Ismael Serrano, en ese abrazo mutuo que nos salve del miedo: "Pasaron los inviernos y aún sigue escondido, esperando que tu abrazo le inocule la vacuna y elimine el virus del miedo y su locura".




sábado, 11 de enero de 2014

La esquizofrenia del etiquetado

Hace unos días me pregunta una persona cercana si conozco algún sitio para apuntar a clases particulares a SU NIETO, DE SEIS AÑOS (¡¡¡!!!) porque dice que va muy atrasado en clase, que la maestra dice que no sigue el ritmo, y que lo necesita.

Para colmo, y deteniéndome un poco más a analizar el caso, ni esta persona ni nadie en su familia más cercana tiene un alto nivel de estudios. Son personas humildes, trabajadoras, nobles, que se esfuerzan al máximo por llevar un sueldo a casa, que les permita subsistir.

Está muy claro que este bebé debe tener tratamiento cuanto
antes para su retraso escolar. ¿Por qué no inyectar algo en
el vientre que lo arregle? ¿por qué no poner auriculares
con clases particulares? Cuanto antes, mejor.
Yo le comenté que lo veía un poco pequeño para clases particulares, pero insistía en que "la profesora lo dice, que no sigue el ritmo", creyendo aquella absurda y antigua autoridad que consistía en pensar que "todo lo que dice la profesora va a misa", como sucedía con los médicos, y con otras supuestas "autoridades" de la época preconstitucional, y más atrás.

En fín… me sale del alma pensar si todavía se podrían autorizar lobotomías en casos extremos, como el de esa profesora... Y me quema por dentro la impotencia de pensar que haya mucho más profesorado que se dedique a estigmatizar, etiquetar y clasificar (cuanto antes, mejor) al alumnado. Alumnado que, en la mayoría de los casos, terminará "no sirviendo para estudiar, como le pasaba a su padre y a su abuelo", y por tanto, condenado a un destino prefijado por quienes no lo apoyaron, no creyeron en sus posibilidades, y a la edad de seis años le colgaron el cartel de "lento", "torpe", "tonto", o "atrasado".

¿Es eso lo que esa docente querría para su propio hijo o hija? Entonces… ¿POR QUÉ LO HACEMOS CON LAS HIJAS E HIJOS DE LOS DEMÁS?

lunes, 31 de diciembre de 2012

Music:ON/World:OFF




Una noche, en un sendero perdido, fue asaltado por unos ladrones. 
Iba Mesé Figueredo de camino a unas bodas, él encima de una mula, 
encima de la otra su arpa, cuando unos ladrones 
se le echaron encima y lo molieron a palos.

A la mañana siguiente alquien lo encontró. 
Estaba tendido en el camino, un trapo sucio de barro y sangre, 
más muerto que vivo. Y entonces aquella piltrafa dijo con un hilo de voz:
- Se llevaron las mulas.
Y dijo también:
- Se llevaron el arpa.
Y, tomando aliento, rió:

- ¡Pero no se han podido llevar la música!

(Eduardo Galeano)


Esta tarde, vía @vriverareyes, llega a mí un artículo titulado "Mala suerte si eres músico". En Mali persiguen a los músicos, prohiben la música. Y de repente, a la vez que crecía mi indignación, me venían a la mente cientos de argumentos sobre lo importante que es la música para las personas, y cómo, conscientes de ello, muchas instituciones, personas e ideologías deshumanizadoras han intentado prohibirla, coartarla, limitarla...

No es necesario extenderse para justificar la presencia que tiene la música en la vida de las personas, incluso de aquellas personas que pretendan mostrarse más indiferente hacia ella. La música nos rodea, pone banda sonora a nuestra vida cotidiana, nos hace sentir, pensar, imaginar, reflexionar, soñar... nos anima, nos relaja, nos conmueve... Así fue desde el principio de los tiempos.

Y desde el principio de la historia de la música, encontramos a grandes filósofos como Platón, empeñados en que la música es muy importante para la educación, pero precisamente por lo importante que es, es necesario "controlarla". Hay que prohibir ciertas melodías, ciertas escalas, ciertos ritmos, por causar "efectos perversos", y hay que promocionar, en cambio, otras. Tal vez ahí esté la primera referencia a lo que hoy en día sucede en Mali. Apoyándose precisamente en Platón (y su reintérprete cristiano, San Agustín), la iglesia católica defendió que había que prohibir los instrumentos en la iglesia, que había que prohibir la música instrumental y la música de danza, y que solamente era válida la que contenía la palabra de Dios (la de "su" Dios, por supuesto). Ésto fue así hasta que, paradojas de la historia, un filósofo musulmán español llamado Averroes trae las ideas de Aristóteles a Europa. Para este discípulo de Platón, toda la música es útil para la educación, toda la música es válida, dependiendo del uso que se haga de ella.

En el siglo XIX fueron plenamente conscientes de la importancia de la música cuando los filósofos y los compositores defienden que la música es la más elevada de las artes, la música expresa lo inexpresable, expresa todo aquello que no se puede decir con palabras, y que su relación con el sentimiento es directa: no sigue la lógica de las palabras, no necesita las palabras para hacer sentir, sino que se dirige directamente al sentimiento.

Pero a pesar de que la iglesia prohibiera todo lo que no fuera latín, gregoriano y evangelio; a pesar de que se prohibieran danzas, ritmos e instrumentos; a pesar de que San Luis (rey de Francia) asesinó a casi todos los trovadores de la Provenza; a pesar de que generaciones y generaciones de músicos murieran en la indigencia y la incomprensión; a pesar de que Hitler utilizara indebidamente a Wagner; a pesar de que el comunismo ruso maltratara en exceso a Shostakovich; a pesar de que Franco y su neocasticismo hizo retroceder la música española cien años atrás; a pesar de que este mismo dictador prohibió la música en inglés; a pesar de que la generación del 27 musical fue prácticamente exterminada y anulada; a pesar de que a finales del siglo XX los Estados Unidos de América siguieran censurando ciertas canciones de John Lennon ("Give peace a chance", o "Imagine", por ejemplo), a pesar de que Israel sigue sin escuchar a Wagner... A pesar de todo ello, aquí estamos. Con más estilos musicales, más fusiones musicales, más instrumentos, más promoción, extensión y difusión de la música, más ritmos, escalas, modos... que en toda la historia anterior.

Y hay una reflexión más que poner encima de la mesa, en mi opinión: ¿cuántas manipulaciones sutiles existen en nuestro mundo, tanto en la música como en el pensamiento o en cualquier tipo de expresión humana o artística? Creo que demasiadas..., pero eso daría para otro post.

Además de enviar desde lo más profundo de mi alma todo el aliento y el ánimo a esos músicos y esas músicas de Mali, mi mensaje pretende ser tranquilizador: arrancarán y destrozaran instrumentos, teléfonos móviles, anularán conciertos, perseguirán músicos, los matarán... pero JAMÁS MATARÁN LA MÚSICA.


martes, 2 de octubre de 2012

Wert y el determinismo

Llevaba ya varios días dándole vueltas a un post sobre la recién presentada LOMCE (Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa), y el título lo tenía claro desde el principio. Lo tuve todavía más claro tras leer íntegramente el texto del anteproyecto, y los excelentes comentarios al respecto que aporta Fernando Trujillo.




...Y es que el Sr. Wert y su equipo plantean una reforma que, aún sin decirlo explícitamente (lo cual la hace mucho más peligrosa), es claramente determinista, fatalista, y encaja perfectamente con las teorías del darwinismo social más puro y radical.

Puesto que la intención de este post no es caer en la pedantería, la farfolla teórica o la mera filosofía, baste recordar que toda esta línea de pensamiento sostiene la creencia de que el destino de las personas viene determinado por su lugar de nacimiento, clase social, aspectos sociales y culturales... y que nada se puede hacer al respecto... los "mejores" de la especie llegarán a los puestos más altos, y los "peores" deberán conformarse con las migajas. Eso es así, inamovible e inalienable.

No se da cuenta el tal Wert (vayámosle perdiendo un respeto que no merece) de que el educador es y debe ser, por definición, contrario a esa teoría. Si creyésemos mínimamente que no podemos hacer nada, que todo viene condicionado, algunos nos dedicaríamos a otra cosa. Al menos, los más honestos, o los que no se quedaran por pura necesidad. La educación es la creencia en la "perfectibilidad" de las personas, en nuestro carácter inacabado, en la capacidad que tienen las personas (y las sociedades) de cambiarse a sí mismas, en que, como dijo Freire, "somos seres de transformación, no de adaptación". Freire, por cierto, tiene mayor currículum pedagógico que el ministro, que por cierto, no tiene ninguno. Por si alguien no se había dado cuenta.

Algún lector puede pensar que exagero, que no es para tanto, pero es que la reforma de Nachete (José Ignacio) no deja lugar a dudas. Habla de "detección cuanto antes" de dificultades en Primaria, con posibilidad de repetir curso, y una "reválida" ya con ocho años. Luego, habla de "programas especiales" para alumno con retraso escolar, en Secundaria, caminos unidireccionales en 4º de ESO, sin posibilidad de cambio o replanteamiento. Pruebas, y más pruebas, incluso para pasar de un grado de FP a otro... nula importancia de las materias artísticas... una pésima interpretación de las competencias básicas (en un sentido radicalmente empresarial y economicista)... 

Quien escribe estas líneas cambió totalmente de opinión con 17 años. Estudié "ciencias puras", y terminé haciendo magisterio de educación musical (no por falta de nota, sino porque era lo que realmente quería), luego musicología, y a día de hoy soy un (a pesar de usted) feliz profesor de Secundaria. También juré y perjuré, en mis años de Magisterio, que jamás trabajaría con adolescentes. Y aquí me ve. Y resulta que soy feliz. Mi familia no era una familia adinerada. No había un ambiente cultural elevado en mi pueblo. Pero pude elegir, pude cambiar, pude ir variando el camino a medida que crecía y maduraba. Y podría hablar de muchos más giros en mi vida. Esto es tan solo un ejemplo. ¿Y tú pretendes, Pepe (José Ignacio Wert) que con 15 años una niña o un niño ya sepan lo que van a hacer con su vida? ¿tú pretendes seleccionar quien "vale" de quien "no vale"? ¿te gusta jugar a ser Dios? El futuro se volverá contra tí y todos los tuyos, querido Wert... no tengas dudas... solamente te deseo exactamente lo mismo que tú deseas a los hijos de los demás, ni más ni menos.



En la imagen, un grupo de alumnos de la ESO que no pasó la reválida... ¿es ésto lo que buscas, José Ignacio Wert? ¡Sé valiente, y dilo claramente!.


Terminemos con mejor tono:

“Nuestra utopía, nuestra sana locura es la creación de un mundo en el que el poder se asiente de tal manera en la ética que, sin ella, se destruya y no sobreviva. En un mundo así, la gran tarea del poder político es garantizar las libertades, los derechos y los deberes, la justicia y no respaldar el arbitrio de unos pocos contra la debilidad de las mayorías. [...] Soñar con este mundo no basta para que se concrete. 
Para construirlo, tenemos que luchar sin descanso”. 
Paulo Freire (2006): Pedagogía de la indignación, pág. 143-144.
 


miércoles, 20 de junio de 2012

El ombligo del mundo (post de desahogo y terapia)

(En el descanso de una junta de evaluación, 18:00 h., 20 de Junio de 2012)

Cada vez que llegan juntas de evaluación, me pongo de los nervios... son las tardes más horrorosas de todo el curso, las más tristes, las más deprimentes... sobre todo al comprobar que seguimos utilizando los mismos esquemas de pensamiento de antaño.

Seguimos pensando en asignaturas, y no en capacidades, ni competencias básicas, ni las posibilidades de estudio futuras.

Seguimos (re)afirmando la creencia de que nosotros somos "los buenos", y las familias, el entorno, el propio alumno... los malos, los que tienen que cambiar, tienen que mejorar, y el profesorado, por supuesto, no puede ni quiere ni debe hacer nada al respecto.

Seguimos pensando que lo importante es nuestro propio "prestigio" docente (las comillas, son irónicas), por encima del beneficio para nuestras alumnas y alumnos.

Seguimos sin ponernos de acuerdo en el significado de la "O", de la "ESO". Seguimos sin entender que el título es un derecho, y que nada o casi nada se gana a base de castigos o repeticiones (en Finlandia, por ejemplo, esto lo tienen bastante claro).

Seguimos sin darnos cuenta de que el título de la ESO es un resumen de TODO lo cursado durante CUATRO AÑOS. Pensamos que con una asignatura, con una calificación de "cuatro", una alumna o alumno no merece titular.

Seguimos defendiendo el "café para todos", el mismo trato para todo el alumnado, sin tener en cuenta las desigualdades de partida, ni haciendo nada para que se superen. La atención a la diversidad consiste en que si suspendemos con un 4 a un niño o niña, debemos suspender a todas y todos quienes estén en ese caso.

Seguimos creyéndonos el ombligo del mundo...

...y así nos va.

miércoles, 4 de abril de 2012

Lágrimas en la lluvia

"Todos esos momentos se perderán en el tiempo
como lágrimas en la lluvia"

(Blade Runner)

"Lágrimas en la lluvia. Todo pasaría y todo se olvidaría rápidamente.
Incluso el sufrimiento"

(Rosa Montero)


Los últimos tiempos educativos, junto a mis últimos tiempos personales, hacen que el tono de este blog sea pelín desesperanzador, pelín triste... Cierto que este "Desde mi escuela" no es precisamente lo más alegre de toda mi producción bibliográfica (¿o "blográfica"?), pero ahora la situación es tremenda...

Estoy leyendo el libro de Rosa Montero, "Lágrimas en la lluvia", y aparte de que me gusta porque me suele atraer la ciencia-ficción y las películas futuristas, creo que hace toda una reflexión sobre hacia dónde camina la sociedad y el ser humano, sobre qué somos, qué queda de nosotros, cuál es nuestra esencia, qué es lo importante y lo que no en nuestras vidas, en nuestro mundo. Estoy ahora, justamente, en el pasaje donde aparecen las dos citas que pongo al principio de este post, y que dan título al libro.

¿Somos nuestra memoria? ¿somos nuestros recuerdos? ¿nuestra experiencia? ¿nuestros actos? ¿qué quedará de todo eso en el universo...? ¿somos algo más que "lágrimas en la lluvia"?

A la luz de los últimos tiempos, tal vez quepa pensar que muchas de esas verdades absolutas, esas instituciones intocables, esos Dioses intocables que nos rodean (en forma de economía, religión, estado, relaciones... y escuela) algún día no serán más que "lágrimas en la lluvia". La historia de la escolarización tal como la entendemos tiene apenas 200 años (siendo muy generosos), y eso... ¿es representativo?

Todo, todo lo que hacemos no es más que una mota de polvo en el universo...

...por eso son tan importantes las pequeñas cosas.

Por eso, lo único eterno que tenemos es disfrutar y hacer disfrutar, aprender, sonreir, brillar los ojos, emocionarnos, amar... vivir.

...y eso sucederá, y será para siempre, será eterno cuando suceda, a pesar de esas verdades inmutables, esos castillos y fuegos artificiales en que creemos, que no serán más que lágrimas en la lluvia...


viernes, 24 de julio de 2009

"No me peleaba ni en el colegio"



Me llaman la atención declaraciones como ésta.

Hablaré brevemente de Pipi Estrada, ese gran intelectual de este país, conocido por sus publicaciones científicas, sus títulos académicos, sus premios y reconocimientos, y sobre todo por ser una persona muy trabajadora durante los últimos años, desde que dejó el periodismo deportivo.

Este individuo se ha pegado de leches con Jimmy Jiménez Arnau, ot
ro angelito del señor...

No voy a entrar ahora mismo a valorar que este tipo de televisión y sus debates acalorados provocan estas cosas, y que educan a nuestras criaturas en función a unos principios basados en la ley del más fuerte. Porque hoy en día, como sabemos, la televisión educa mucho más de lo que lo hace la escuela o la familia. Ya quisiéramos en la escuela tener la mitad de influencia que tiene la televisión tanto en los pensamientos como en los comportamientos de las personas... aunque bien pensado, y visto cómo está el patio (el de la escuela), cualquier cosa (cualquier engendro de ciudadano) podría salir. Te tires por donde te tires, te estrellas.

Bueno, al grano.


Que este hombre dice que nunca se ha peleado a hostias. Y dic
e él, textualmente "mira si no me he peleado, que no me peleaba ni en el colegio". Ésto es como diciendo: "joder, que allí se pelea todo el mundo". Un esfuerzo, no pelearse en la escuela.

Lo más fuerte de todo, es que puede que tenga razón.

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Aquí tenemos al pobre Pipi siendo acosado. ¡Angelito mío! Lo normal en la escuela es que se hubiera defendido dando más fuerte. Pero él no. Él está hecho de otra pasta. Por eso agrede a tres personas de un programa de televisión.



domingo, 14 de junio de 2009

¿Gitanos inmigrantes? ¿gitanos españoles?


Lo cierto es que no faltan temas desde la realidad educativa diaria. A cada golpe de página en los diarios, cada "click" del ratón o del mando a distancia y cada vuelta de esquina aparece un nuevo tema para este desconsolado blog. Temas sobran, lo que falta es tiempo.

Hoy mis oídos se quedan atónitos al escuchar a un docente decir públicamente: "celebramos la semana de Inglaterra, la semana de Rumanía, la de Marruecos, y la del pueblo gitano"... (obsérvense los puntos suspensivos).

... (y más puntos suspensivos, para pensar).

Ya puestos, a un servidor de ustedes se le ocurre celebrar la semana de la raza caucásica, la semana de los bajitos, la semana de los retrasados mentales, o la semana de las madres y padres separados. Puestos a crear grupos, generar divisiones y pegar etiquetas, hagámoslo, pero ¡hagámoslo bien!

Podríamos estar siete entradas de blog seguidas hablando de si es conveniente o no celebrar la "semana de" un país. Es verdad que puede ser un gesto hacia esa comunidad, que podrá sentirse así valorada y representada en un centro educativo, a la vez que puede abrir la curiosidad de sus compañeras y compañeros "autóctonos". Y no es menos cierto que se enfoca muchas veces centrándose en lo que nos diferencia más que en buscar puntos en común, y que es un folklorismo que cala bastante poco en el día a día del aula. Aún así, la "semana de..." puede tener sus beneficios.

Pero equiparar distintos países, emigrantes e inmigrantes, con una comunidad que lleva más de 500 años entre nosotros, y que se caracteriza precisamente por la no pertenencia a una zona geográfica concreta, me parece excesivo.

-----> "Ninguna bandera me pone carne de gallina, ninguna bandera me pone de pie" (de una canción de Barricada)

Parémonos a pensar, ¿qué puede sentir el niño o niña gitana que ve cómo se le compara con el inmigrante recién llegado? ¿en qué lugar se sitúa, si no es inmigrante pero a la vez no es considerado autóctono? ¿por qué no aceptar, simplemente, que estamos personas diversas en el mismo territorio, que es el planeta?

Para redondear y completar el topicazo y el despropósito, indica el docente que la actividad "estrella" de la semana del pueblo gitano fue un concierto flamenco de varios alumnos y alumnas en el recreo, tras el cual lo difícil "fue meterlos en clase" (dice el docente, y le faltó decir: "porque son todos unos vagos, y sólo piensan en el cachondeo").

Cuidado con las etiquetas... y con las divisiones.


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"Semana de los enanos", en un centro educativo. "Les propusimos hacer el bombero torero" -dijo el docente- "y lo disfrutaron mucho".

domingo, 7 de junio de 2009

Pedagogía y BOE


Con la incierta promesa de actualizar este blog más a menudo, me reengancho una mañana de domingo soleado de junio, una mañana electoral (¿o electoralista?) para hacer de nuevo de profesor de lengua. Al mirar la cantidad de entradas que dedico en este blog a aclarar conceptos y echar mano del diccionario, me planteo si estaré ante otra de mis frustraciones (ser profesor de lengua). Se lo diré a mi psicoanalista.


Me inquietan enormemente toda esa cantidad de pseudo-filósofos con atribuciones de expertos que basan sus actuaciones educativas en lo que dice el BOE o los boletines oficiales correspondientes de sus comunidades autónomas.


Un par de ejemplos y luego la aclaración.


Imaginemos el cirujano que, en urgencias ese día, le llega un paciente en estado crítico, casi a punto de entrar al coma por un accidente de tráfico. Y entones este médico lo primero que hace es recordar la ley. Los médicos estudian tanto que ni siquiera tienen que volver a ojearla (se la sabe). Y decía la ley: "cualquier intervención de urgencias se realizará en quirófanos expresamente destinados a tal fin, cumpliendo con las medidas de seguridad e higiene y todos los medios técnicos necesarios que garanticen una adecuada respuesta".
Y el cirujano hace justamente eso: lo lleva a un modernísimo quirófano, limpísimo y con cientos o miles de máquinas, botones, cables, luces... y lo deja ahí. Minutos más tarde, el accidentado paciente muere.

O ese otro caso, mucho menos tremendo, del empresario que decide montar una fábrica de juguetes de plástico. Y es tan sensanto este empresario que lo primero que hace es consultar la legislación, vayamos a fastidiarla ya desde el primer momento... Y hace caso a multitud de indicaciones sobre los espacios, el medio ambiente, la seguridad laboral... hasta hace caso a los convenios con los sindicatos sobre sueldos, personal a contratar, perfiles laborales... Y un día la fábrica abre. Y se ponen en funcionamiento las máquinas. Y dos meses más tarde tiene que cerrar por el gasto tan grande de electricidad y recursos, y sobre todo porque cumpliendo únicamente la ley no han sido capaces de fabricar ni un solo juguete.


¿Dice la ley cómo hay que operar? ¿dice la ley cómo fabricar un juguete?


¿DICE LA LEY LO QUE TENEMOS QUE HACER CON ESAS TREINTA CRIATURAS QUE TENEMOS DELANTE TODOS LOS DÍAS EN EL AULA?


Las leyes, recordemos, las hacen los políticos
. Esos mismos que para unas elecciones europeas no nos informan prácticamente de nada, salvo de que todos tienen un montón de trapos sucios que lavar. Esos mismos que pretenden que nos ilusionemos con una Europa ficticia que solamente sirve para darnos ayudas y para dos o tres "chorradas" (así lo piensan ellos) sobre medio ambiente y similares. Una Europa que no apasiona a nadie, porque nadie la siente como suya. Una amplia cantidad de gente está de acuerdo en que la clase política española provoca ganas de llorar, de reir, de cortarse las venas, o como voy a hacer yo, simplemente no ir a votar.

Sin embargo, en los claustros, las reuniones de zona, la delegación, la inspección (perdón, hay cosas que es mejor ni nombrarlas)... casi exclusivamente se habla de normativa. Esa normativa que HAN HECHO LOS POLÍTICOS.


Las leyes son triunfalistas, oportunistas, se dejan guiar por modas disfrazadas de demandas sociales, atienden a intereses no siempre democráticos (por ejemplo, la iglesia)... y las hacen esas mismas personas que criticamos todos los días y en todas partes (por cierto, que se lo tienen bien merecido).

La pedagogía es otra cosa... el día a día en el aula es otra cosa. Y aunque no nos queda más remedio que tener un quirófano bien limpio... (además, es bueno), luego cada cual tendrá que buscar o aprender su manera de operar o de hacer juguetes.


No sea que se nos mueran nuestras criaturas, o que no tengan nada ni nadie con quien jugar.

domingo, 19 de octubre de 2008

Diagnóstico: cáncer de psicólogos



Aquel era su primer día de clase, pero desde que abrió la puerta del aula el profesor detectó que su alumnado no debía ser del todo normal: cinco niños saltaban encima de las mesas, tres niñas masticaban chicle y hablaban ignorando por completo su presencia, otro niño y otra niña permanecían al fondo sin hablar, ni mirar, ni probablemente pensar, otra niña amenazaba con el puño a un compañero, otro niño jugaba con sus juguetes... "es un primero de ESO nada habitual", pensó el profesor. Hizo sus cuentas: doce. Doce sobre 25 no cuadraban con sus esquemas de lo que esperaba encontrarse. Ese día su ilusión se empezó a marchitar.


Iba pasando el tiempo, los días, las semanas... el profesor había obtenido las mejores calificaciones de su promoción en la licenciatura de física y química, había quedado el primero con su equipo en varias competiciones deportivas siendo estudiante, había pasado situaciones de todo tipo en su vida (problemas familiares, varias relaciones sentimentales)... siempre había logrado salir indemne, pero ahora no sabía que hacer.

Y al final del primer trimestre, justo cuando estaba a punto de tirar la toalla, cuando a sus ojos no quedaban más opciones que ignorar a su alumnado o pedir una baja perpetua por depresión, apareció ella.

Ella tenía un cierto aire de intelectual progre. Hablaba con los niños de tú a tú. No tenía ningún problema en dar una respuesta ágil, sencilla y contundente que mantuviera al alumnado en su sitio. La respetaban y la apreciaban. Ella había estado muy ocupada en su despacho con cientos de tareas administrativas y hasta entonces no pudo pasarse por esta clase. Al notar en conversaciones de pasillo el agobio creciente del profesor, decidió pasarse a ver qué podía hacer. Al fin y al cabo, era la orientadora del centro (y licenciada en psicología, por cierto).


Lo primero que hizo fue varias anotaciones acerca de los casos más claros: "hiperactividad", "síndrome de falta de atención", "tendencias agresivas"... y de un plumazo clasificó así a nueve de ellos y ellas. Le quedaban 3, y eran los casos de retraimiento al fondo del aula y del alumno que jugaba con sus juguetes. A estos les practicó una prueba de diagnóstico cuyos resultados fueron contundentes: tendencia autista-depresiva para los del fondo, y grave retraso en el desarrollo en el caso del último.


El equipo directivo, con el asesoramiento de la orientadora y las peticiones de auxilio del profesor, decidió crear un agrupamiento flexible de forma que este grupo de niños y niñas que necesitaban un tratamiento especial fueran unas cuantas horas a ser atendidos.

De este modo, durante más de la mitad del tiempo escolar la clase se quedaba con 13 niños sobre 25. Los otros 12 iban a lo que los demás llamaban públicamente "la clase de los tontos" (donde eran atendidos a medias entre la psicóloga, el profesor de pedagogía terapéutica, tres monitores de nosequé...).


Así, el profesor recuperó su sonrisa, los 13 alumnos que quedaron mejoraron de sacar un 9 a sacar un 10, y los que salían del aula... nunca volvieron. Su diagnóstico los había condenado. Con el tiempo unos se fueron, otros se quedaron y protagonizaron serios incidentes que provocaron su expulsión, y otros se fueron marchitando poco a poco, mientras se apagaba su fé en volver con sus amigos, del aula "normal". El niño que jugaba ya no lo hacía. Solamente lloraba y premanecía abstraído.


¿Para quién trabajamos? ¿Para el profesorado? ¿Para el alumnado? ¿Para los y las psicólogas (no confundir con orientadores y orientadoras)? ¿Hacen un papel relevante quienes se centran en la psicología clínica y no proponen medidas educativas válidas? ¿Diagnosticar para segregar?


Propongo pasar cinco tests distintos a esos psicólogos (no confundir con orientadores, que pueden tener otro perfil), y que sean tratados según los resultados.


Cuidado.

Quien se considere a sí mismo normal que tire la primera piedra.



------> Obsérvese a un orientador licenciado en psicología clínica haciendo una intervención sobre su alumnado con el objetivo de lograr su integración en el aula. ¿Cuántas camisas de fuerza invisibles, ideológicas y ocultas utilizamos cada día con nuestro alumnado? ¿cuántos diagnósticos y juicios de valor avalan estas medidas?

miércoles, 13 de agosto de 2008

Ante todo, compañeros

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Hace ya algunos meses leí un interesantísimo artículo de
Mariano Fernández Enguita en su blog titulado "Radicalismo intelectual e intereses profesionales", y no puedo estar más de acuerdo con él. El profesorado, debido principalmente a su alta preparación, suele ser enormemente crítico con todo aquello que le rodea. Aparte de ser un mal muy español eso de hablar de cosas de las que uno no tiene ni puñetera idea, creo que el profesorado sí está preparado para hablar de muchas cosas.

Con ese mismo radicalismo intelectual tenemos claro, por ejemplo, que los derechos humanos están por encima de todo, que la democracia es la menos mala de las fórmulas de convivencia que conoce la humanidad hasta el momento y que es imprescindible la convivencia pacífica para aprender, para avanzar, para construir.

Es también el radicalismo intelectual el que nos lleva a racionalizar y por tanto rechazar, cuestionar y moderar dogmatismos. Puede sonar contradictorio que en la misma frase aparezca "radicalismo" y "moderación", pero creo que cuanto más se cuestiona intelectualmente una opción ideológica, más se da uno cuenta de que todo es relativo, todo es reversible, y nada es blanco ni negro, sino probablemente gris (esto último, tampoco es seguro).

El radicalismo intelectual nos lleva a analizar los fallos y ensalzar lo que consideramos virtudes y defectos de nuestra sociedad. Pongo algunos ejemplos: ¿los curas? hay buenos y malos, como en todos los trabajos, independientemente de que seamos creyentes o no; ¿las guerras? siempre son malas y hay que rechazarlas, pero hay ocasiones en que los oprimidos no ven otra escapatoria; ¿los políticos? habrá quien crea en lo que hace y hay (tal vez más) que se dedican a expoliar; ¿las familias? están desorientadas, trabajan los dos, pero no se preocupan lo suficiente de sus hijos; ¿los medios de comunicación? pueden ser una herramienta y un medio genial de aprendizaje y comunicación, pero encierran muchísimos peligros, sobre todo para los jóvenes...

¿Y qué pasa cuando intelectualmente nos acercamos a la autocrítica?

El profesorado todo lo hace bien, el profesorado no tiene la culpa de nada en el sistema educativo, el profesorado es el indefenso, el profesorado es el que necesita apoyos, el profesorado necesita autoridad, el profesorado pone todo su empeño en que su alumnado aprenda, el profesorado está muy bien preparado porque sabe hacer programaciones y papeles como nadie, el profesorado sabe muchísimo de su materia y se presupone que explicarlo también, el profesorado necesita sindicatos fuertes, el profesorado... ¿será Dios?

Personalmente considero que el profesorado, igual que los curas, fontaneros, barrenderos, políticos, familias, oficinistas, empresarios... HAY DE TODO. El que no haya conocido nunca en su vida un profesor incompetente (a su lado o impartiéndole clase, en cualquier nivel educativo) que tire la primera piedra... ¿todo lo hacemos bien?

Por eso normalmente, cuando he escuchado la frase "ante todo, compañeros" ha sido para tapar cosas que no interesaba que salieran a la luz, tapar fallos y a veces cosas muy graves llevadas a cabo por el profesorado, machacar al que intenta cambiar algo, anular cualquier tipo de denuncia o comentario... evitar, en definitiva, una sana autocrítica que nos haría avanzar, cambiar, evolucionar, que no significa rechazar todo lo que tenemos, sino analizar punto por punto qué hacemos bien y qué podríamos mejorar.

Hasta que no llegue a nuestra profesión la autocrítica, la autorregulación, y el autoconvencimiento de que no todos los profesores son iguales, no todos somos buenos, no todos somos malos, no todos cometemos errores graves pero sí todos tenemos cosas que mejorar... hasta que no dejemos de creernos invencibles e inmejorables, todo lo que se haga en educación será en vano, puesto que siempre habrá "otro" al que echarle la culpa de todo.

Mi discurso, el que intento reflejar en este blog, no se basa en "quitar", sino en "añadir" y "cuestionar".

Y sobre todo mi mensaje se basa en la evolución (que puede suponer o no el rechazo a lo que hacemos hasta ahora), la vida misma, lo que nos hace ser humanos y haber montado todos los chiringuitos buenos y malos que habitan esta maravilla, este circo o este infierno que es el mundo.



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domingo, 6 de julio de 2008

Funcionarios por la Gracia de Dios




Cuenta la leyenda que había una espada clavada en una piedra del Londres medieval, y que nadie era capaz de sacarla, incluso los más apuestos, valientes y preparados caballeros. Un completo desconocido llamado Arturo llegó y la cogió como quien saca el cuchillo de un bote de mantequilla. Desde ese momento Arturo fue aclamado como Rey unificador de Inglaterra, y pensó que iba a ser mejor ser justo con todas las personas de su reino. Solo a posteriori y por voluntad propia decidió Arturo ésto. Si hubiera decidido ser un tirano, lo mismo hubiera dado, porque ya fue aclamado Rey con anterioridad. Lo importante era sacar la espada, no dar de comer a los súbditos, conocer la geografía, la historia, saber tratar a sus gentes, desenvolverse en política exterior, ser un buen estratega, ser capaz de hacer mejoras en el reino... lo importante era la dichosa espadita.


Los Reyes y Nobles medievales europeos, igual que los cargos eclesiásticos hasta nuestros días, lo son por la gracia de Dios, esto es, porque el altísimo no tiene otra cosa mejor que hacer que ponerse a decidir quién vale y quién no en cada territorio, cada iglesia, cada lugar humano. Por la gracia de Dios eran para toda la vida, y su poder era incuestionable. Habían sido tocados por el dedo divino. Lo mismo que ciertos dictadores, como nuestro cercanísimo Paquito (
fam., Franco), que utilizaba lo de "Caudillo de España por la Gracia de Dios" (¡qué gracia tenía Dios, por cierto!). Otros ilustres ejemplos como Pinochet son mucho menos elegantes cuando se autoproclaman "senadores vitalicios".

¿Nos suena? ¿tiene algo que ver esto con el profesorado?


En un sistema que se dice democrático como el nuestro, una de las claves del éxito es la alternancia de poder a partir de la decisión popular. Es decir, las cosas del pueblo las decide el pueblo. Bien sabemos que hay cientos o miles de excepciones a esta norma, pero se supone que las reglas del juego están claras y son conocidas por todos.


La educación es de interés general, es el motor de la sociedad, es la clave del avance económico, se hace con dinero público, es por y para el ciudadano... pero... nadie la controla. No existe la palabra "control" en esta nuestra queridísima educación pública española.


¿A qué viene todo esto? ¡Con lo bien que estamos y lo hacemos todo los profesores y profesoras! Viene a que estamos en época de oposiciones para el profesorado, y el sistema de acceso puede causar la carcajada incluso del más profano en la materia. Se parece bastante al rollito de la espada. Lo importante es hacer el pino con las orejas, dar tres volteretas y terminar escupiendo fuego por la boca delante del tribunal. O sea, inutilidades varias que no garantizan en absoluto que se vaya a ser después mejor o peor profesor. Lo importante es, eso sí, aparentarlo. Y una vez que uno tiene el ansiado 5 y su destino provisional adjudicado, da absolutamente lo mismo lo que haga. Que uno decide ser justo y trabajador (craso error, según la mayoría del gremio), pues allá él. Que decide rascarse los genitales el resto de su vida... pues da lo mismo. Que ama a los niños... bueno, él verá. Que odia a los niños, trata con desprecio a las familias y es un tirano en su día a día... ¡no pasa naaaaaaada!.

Es surrealista realmente que personas que miden su éxito profesional según el número de suspensos que tienen (cuantos más, mejor), que utilizan metodologías de la edad media (dictar apuntes, por ejemplo, o suspender con un 4,8 en un examen, sin considerar otras cosas), que cierran las puertas de su aula y de la escuela a la realidad (virgencita, que me quede como estoy), que consideran cualquier medida de control como un ataque (y no como un derecho de la ciudadanía)... que esa gente (por llamarlos de alguna manera) tengan muchas opciones de entrar dentro del sistema educativo solo porque son más viejos, porque hace 10 ó 15 ó 20 años entraron en una bolsa de trabajo y echaron unos papeles en Delegación. El sistema actual de acceso está especialmente pensado para que este tipo de inútiles ingresen en el paraiso de los funcionarios.


El argumento de "llevo 15 años trabajando y ya lo he demostrado todo" en mi opinión no tiene ni pies ni cabeza. Habrá quien haya demostrado ser un gran profesional, un docente preocupado y comprometido. Y habrá quien se haya dedicado a conocer todos los vericuetos del sistema educativo destinados a trabajar cuanto menos mejor y a protegerse de las continuas "agresiones" (que así son consideradas) del alumnado, las familias, la sociedad, la administración... Ser viejo solo garantiza eso: haber vivido más años. Nada más. Y ya saben lo del Rey Arturo... una vez saquen la espadita... ¡hala, a ser reyes toda la vida!

Una vez superado un temario teórico más propio de ingenieros aeronáuticos que de profesores, una completamente inútil programación, una unidad didáctica igualmente irrelevante (de la que además, están exentos los viejos, por el mero hecho de serlo, que a los ancianos hay que respetarlos)... ya tienes el pasaje a lo que quieras, a las vacaciones de tu vida, al trabajo continuo, a épocas de más o menos trabajo, de más o menos compromiso, de darlo todo o de no dar nada... da igual... todo da igual.


Pocas cosas hoy en día son eternas. El relativismo de nuestro mundo hace que nos cuestionemos absolutamente todo y que solamente sea válido aquello en que nos ponemos de acuerdo que sea: ya lo dijo Habermas, que el consenso es la salvación de la humanidad.


¿Para cuándo un sistema de acceso que permita entrar y salir a todos con facilidad, tanto a fijos como a interinos? ¿para cuándo un seguimiento real de lo que se hace en las aulas, tanto para fijos como interinos? ¿para cuándo echar gente por incompetentes, como pasa en todos los trabajos?


Para el funcionario no hay consenso ni chorradas que valgan: lo es por la gracia de Dios y hasta que la muerte lo separe de la Docencia, esa dama sumisa y predispuesta a cumplir con su marido.


Firmado.: Un funcionario por la Gracia de Dios.



-------> Aquí tenemos a Dios Padre tocando con su dedo a un nuevo interino, que pasará a ser funcionario por la Gracia de Dios. Vaya... porque le ha hecho gracia. Obsérvese el agobio de Dios padre con todos esos candidatos detrás, y el relax del interino conocedor de su plácido destino.



viernes, 25 de abril de 2008

Moricos y tonticos

Era una tarde cualquiera en un pueblo cualquiera de cualquier lugar del mundo. El calor empezaba a invitarnos al aire acondicionado, la cervecita fría y a cualquier otra cosa que no exigiera un gran esfuerzo físico o intelectual. Más por aburrimiento que por auténtico interés, me hallo en mitad de un centro comercial. Ya saben, esos sitios donde la gente compra lo que no necesita y donde cobra sentido aquello de la "sociedad de consumo", de la que al parecer nos alimentamos todos. Tal es la influencia de este modo de ver la vida, que un servidor de ustedes terminó comprando (no sabía muy bien para qué), uno de esos tantos objetos inútiles e inicialmente preciosos pero que al poco tiempo no sabes qué hacer con ellos. Al estar en el mostrador pagando, escuché cómo una mujer decía a la dependienta:

  • Clienta.- ¡Ay que ver cómo está todo! ¡Ay que ver cómo está la vida! Yo no sé adonde vamos a llegar con tantos moricos. Los moricos están bajando muchísimo el nivel de la escuela, y yo creo que lo mejor que podemos hacer es amargarles la vida y echarlos a la calle, cuanto más tiempo mejor. Es que si no aprenden, es porque no les da la gana aprender, además molestan constantemente y no dejan a los que sí quieren estudiar. Eso por no hablar de la cantidad de dinero que se gasta en ellos: refuerzos, becas, ayudas a la familia... ¿para qué? para que luego lo agradezcan así, con un mal comportamiento en la escuela, sin aprovechar las ayudas... lo mejor es echarlos. Yo le he dicho al tutor de mi hijo que les pongan todas las amonestaciones que sea posible con tal de que estén más tiempo en la calle que dentro.
  • Dependienta.- Ya ve usted, señora -asentía la dependienta, con una mezcla de desidia, apatía y desconcierto-.
  • Clienta.- Y es que los profesores no saben ya lo que hacer, porque además están desbordados. Ahora resulta que en los institutos hay grupos de tonticos -dijo la señora refiriéndose a los grupos de educación especial- y claro... entre unos alumnos y otros los pobres... están que no pueden... Además, no todo el mundo vale para llevar adelante un grupo de tonticos.
  • Dependienta.- Sí que es verdad, señora, sí que es verdad...

Al final, decidí largarme de la tienda sin comprar esa inutilidad preciosa que había elegido. La conversación me había dejado sin palabras y sin aliento. "¡Iré a por una cerveza!" -pensé-.


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Breve cuestionario a partir del texto anterior:

1.- ¿Qué pensaría usted si lo narrado no hubiera sucedido en un centro comercial, sino en la sala de profesores de una escuela, y no entre una clienta y una dependienta, sino entre profesores?

2.- ¿Ve usted alguna relación con el comentario y que el profesor que lo dijera fuese de matemáticas?

3.- ¿Debemos permitir esto en el sistema educativo? ¿no se puede hacer nada?

4.- ¿Vale todo el mundo para trabajar en la enseñanza, o se necesitan un cierto tipo de personas, preferentemente que respeten los derechos humanos y de la infancia?



Ciertamente, cuesta creerlo... frótese los ojos... quítese la cera de los oídos... alerta, siempre alerta si tiene algún hijo o hija en edad escolar. Lo narrado es completamente real, como la vida misma.



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miércoles, 2 de mayo de 2007

Mil y una vidas (II)

El ritmo de los tiempos y los últimos acontecimientos padecidos me obligan a cambiar el tono.

La entrada de hoy puede herir la sensibilidad de cualquier profesor o profesora corporativista, funcionarial o simplemente sin ganas de trabajar (¿alguien conoce alguno?):

Mil y una vidas para aprender, afirmaba un servidor de ustedes en la entrada anterior.

Mil y una vidas también para maldecir, para denunciar, para no dejar respirar, para no bajar la guardia, para la lucha encarnizada, para desesperarse y gritar y llorar y dar puñetazos en la pared o en la mesa, según se tercie.

Mil y una vidas para denunciar todas esas injusticias y negligencias que día a día el profesorado comete, a veces con buena intención... la mayoría de las veces deliberadamente.

Mil y una vidas para denunciar la falta de esperanza, la desidia de todo un sector del profesorado responsable de esos "ciudadanos del futuro", nuevos trabajadores de la nueva sociedad del siglo XXI.

Mil y una vidas para denunciar la envidia de muchos que ahogan la ilusión de los pocos.

Mil y una vidas para reclamar el derecho a la diferencia, a ser minoría, a nadar contracorriente, a una democracia real y justa en el centro educativo.

Mil y una vidas para maldecir a los inspectores siervos de la Ley Divina del Político, siervos del "aquí no pasa nada", del "todo va bien" y del "hemos conseguido..." Perros sin cadena recién recogidos de la protectora de animales, deben todo su ser a su amo, incluyendo lamer zapatos y cagarse cuando les ordenan.

Mil y una vidas para todo el que se cree que por ser director, secretario o jefe de estudios adjunto de un centro de segunda categoría se considera capaz de dirigir el destino del universo.

Mil y una vidas porque nunca... nunca... apaguen la llama que nos mantiene, la ilusión, la idea de que otra realidad es posible y mucho más al alcance de lo que parece.

Oidme bien, soy la voz que clama en el desierto, seguiré siendo siempre vuestra peor pesadilla...


¡¡¡¡¡ Uuuuuuuuuuh !!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ Soy el fantasma del trabajo !!!!!!!!!!!


Solo deseo a todo este profesorado que otros profesores hagan con sus hijos lo mismo que hacen ellos con sus alumnos.

AMEN

sábado, 24 de marzo de 2007

En ocasiones veo muertos

Pudiera parecer que lo que hoy escribo es un relato de terror, un relato de esos que tiene lugar cerca de algún cementerio, con muertos vivientes y todo tipo de horrores, donde uno llega un momento en que no se distingue lo que es y lo que no es real.

Como todo buen relato, éste tiene lugar en un centro educativo... ¡perdón! quise decir en un cementerio... debe ser el subconsciente. Y al igual que algunos grandes ejemplos del género, todo comienza cuando a los muertos no se les deja en paz, esas personas que vienen a morir día tras día junto a nosotros, vigilándonos tras de la puerta, acechándonos detrás del espejo, cuando nos damos la vuelta, al final del pasillo oscuro de nuestro Centro... ¡perdón, de nuestra casa!


Aparentemente son como nosotros, solo que generalmente algo más mayores. Algún caso también hay que murió joven, pero con la alta esperanza de vida de nuestra sociedad del bienestar occidental, casi todos ellos rondan los 50 años de edad... ¡perdón, quise decir 80!



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Compañeros en un pasillo cualquiera de
un Centro Educativo (¡Perdón, muertos
vivientes de un Cementerio!,
qué cabeza la mía)








Son los encargados de vigilar nuestra alma, de custodiar nuestra entrada en el paraiso, del futuro de la humanidad, pero cuando alguien osa molestarlos o redireccionar el destino de nuestro Centro Educativo... ¡perdón, de nuestro cementerio!... cuando alguien introduce en sus conjuros diarios la palabra INNOVACIÓN... ¡perdón, quise decir SATANÁS!... cuando alguien incumple de ese modo la Ley Divina del Funcionariado... ¡perdón, quise decir de Dios!... cuando alguien osa divinizar algún mortal (llámese familia, administración... o mucho peor... ¡alumnado!)... cuando uno hace ofrendas a Satán-Innovación y desoye la voz de sus difuntos (esto es, compañeros), aun aspirando a que le dejen en paz, que le dejen adorar a quien quiera, que le dejen "estrellarse" (según ellos), en decisiones que aparentemente no tienen nada que ver con los difuntos, siendo competencia únicamente de los mortales... Cuando todo esto sucede...

LAS ALMAS DE LOS MUERTOS LE PERSEGUIRÁN DE POR VIDA....

(Risa malévola... ¡Mua-ha-ha-ha-ha-háaaaaaaaa!)

A los muertos hay que dejarlos en paz, como dice un amigo mío en que a menudo me inspiro... pero ¿qué pasa cuando uno se encierra en su aula a esperar que el chaparrón pase y aún así la Justicia Divina toca a tu puerta? ¿qué pasa cuando uno no propone ni dispone ni hace conjuros, sino que aspira a vivir con sus mortales del aula para adentro?

Hubo un día en que unas cuantas personas nos pusimos en contacto con los muertos para hacerlos reflexionar... pero la reflexión no es lo mismo que el destino, ni lo divino necesita la reflexión, por lo que el conjuro falló.

Y desde entonces padecemos la maldición de los muertos vivientes... día a día... hora tras hora...

Pero digo yo... si nosotros no proponemos, ni disponemos, sino que totalmente asustados e impresionados por apariciones y manifestaciones espiritistas anteriores nos encerramos en nuestro aula...

¿A quién se le ha aparecido SATÁN-Innovación en más ocasiones?

¿Quién ve muertos donde no los hay?



sábado, 27 de enero de 2007

Cuando solo nos queda el aula

A veces hay días en que uno se encuentra perdido en este universo de pretensiones, objetivos, discursos y vanidades.

A veces, algunos días dejaría uno el mundo correr y que las torres se calleran por sí solas, siendo como es ese su inevitable destino.

Es imposible mantenerse contracorriente. Es imposible sobrevivir erguido con tantas cosas a la espalda.

Esos días uno tira la toalla de reencontrarse con algún objetivo común, con alguna utopía del prójimo, con algún sueño por alcanzar junto al resto del mundo.

Por eso algunos días renovamos nuestro oficio y volvemos al origen:

solo nos queda el aula...

y no es poco...