martes, 2 de octubre de 2012

Wert y el determinismo

Llevaba ya varios días dándole vueltas a un post sobre la recién presentada LOMCE (Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa), y el título lo tenía claro desde el principio. Lo tuve todavía más claro tras leer íntegramente el texto del anteproyecto, y los excelentes comentarios al respecto que aporta Fernando Trujillo.




...Y es que el Sr. Wert y su equipo plantean una reforma que, aún sin decirlo explícitamente (lo cual la hace mucho más peligrosa), es claramente determinista, fatalista, y encaja perfectamente con las teorías del darwinismo social más puro y radical.

Puesto que la intención de este post no es caer en la pedantería, la farfolla teórica o la mera filosofía, baste recordar que toda esta línea de pensamiento sostiene la creencia de que el destino de las personas viene determinado por su lugar de nacimiento, clase social, aspectos sociales y culturales... y que nada se puede hacer al respecto... los "mejores" de la especie llegarán a los puestos más altos, y los "peores" deberán conformarse con las migajas. Eso es así, inamovible e inalienable.

No se da cuenta el tal Wert (vayámosle perdiendo un respeto que no merece) de que el educador es y debe ser, por definición, contrario a esa teoría. Si creyésemos mínimamente que no podemos hacer nada, que todo viene condicionado, algunos nos dedicaríamos a otra cosa. Al menos, los más honestos, o los que no se quedaran por pura necesidad. La educación es la creencia en la "perfectibilidad" de las personas, en nuestro carácter inacabado, en la capacidad que tienen las personas (y las sociedades) de cambiarse a sí mismas, en que, como dijo Freire, "somos seres de transformación, no de adaptación". Freire, por cierto, tiene mayor currículum pedagógico que el ministro, que por cierto, no tiene ninguno. Por si alguien no se había dado cuenta.

Algún lector puede pensar que exagero, que no es para tanto, pero es que la reforma de Nachete (José Ignacio) no deja lugar a dudas. Habla de "detección cuanto antes" de dificultades en Primaria, con posibilidad de repetir curso, y una "reválida" ya con ocho años. Luego, habla de "programas especiales" para alumno con retraso escolar, en Secundaria, caminos unidireccionales en 4º de ESO, sin posibilidad de cambio o replanteamiento. Pruebas, y más pruebas, incluso para pasar de un grado de FP a otro... nula importancia de las materias artísticas... una pésima interpretación de las competencias básicas (en un sentido radicalmente empresarial y economicista)... 

Quien escribe estas líneas cambió totalmente de opinión con 17 años. Estudié "ciencias puras", y terminé haciendo magisterio de educación musical (no por falta de nota, sino porque era lo que realmente quería), luego musicología, y a día de hoy soy un (a pesar de usted) feliz profesor de Secundaria. También juré y perjuré, en mis años de Magisterio, que jamás trabajaría con adolescentes. Y aquí me ve. Y resulta que soy feliz. Mi familia no era una familia adinerada. No había un ambiente cultural elevado en mi pueblo. Pero pude elegir, pude cambiar, pude ir variando el camino a medida que crecía y maduraba. Y podría hablar de muchos más giros en mi vida. Esto es tan solo un ejemplo. ¿Y tú pretendes, Pepe (José Ignacio Wert) que con 15 años una niña o un niño ya sepan lo que van a hacer con su vida? ¿tú pretendes seleccionar quien "vale" de quien "no vale"? ¿te gusta jugar a ser Dios? El futuro se volverá contra tí y todos los tuyos, querido Wert... no tengas dudas... solamente te deseo exactamente lo mismo que tú deseas a los hijos de los demás, ni más ni menos.



En la imagen, un grupo de alumnos de la ESO que no pasó la reválida... ¿es ésto lo que buscas, José Ignacio Wert? ¡Sé valiente, y dilo claramente!.


Terminemos con mejor tono:

“Nuestra utopía, nuestra sana locura es la creación de un mundo en el que el poder se asiente de tal manera en la ética que, sin ella, se destruya y no sobreviva. En un mundo así, la gran tarea del poder político es garantizar las libertades, los derechos y los deberes, la justicia y no respaldar el arbitrio de unos pocos contra la debilidad de las mayorías. [...] Soñar con este mundo no basta para que se concrete. 
Para construirlo, tenemos que luchar sin descanso”. 
Paulo Freire (2006): Pedagogía de la indignación, pág. 143-144.
 


miércoles, 20 de junio de 2012

El ombligo del mundo (post de desahogo y terapia)

(En el descanso de una junta de evaluación, 18:00 h., 20 de Junio de 2012)

Cada vez que llegan juntas de evaluación, me pongo de los nervios... son las tardes más horrorosas de todo el curso, las más tristes, las más deprimentes... sobre todo al comprobar que seguimos utilizando los mismos esquemas de pensamiento de antaño.

Seguimos pensando en asignaturas, y no en capacidades, ni competencias básicas, ni las posibilidades de estudio futuras.

Seguimos (re)afirmando la creencia de que nosotros somos "los buenos", y las familias, el entorno, el propio alumno... los malos, los que tienen que cambiar, tienen que mejorar, y el profesorado, por supuesto, no puede ni quiere ni debe hacer nada al respecto.

Seguimos pensando que lo importante es nuestro propio "prestigio" docente (las comillas, son irónicas), por encima del beneficio para nuestras alumnas y alumnos.

Seguimos sin ponernos de acuerdo en el significado de la "O", de la "ESO". Seguimos sin entender que el título es un derecho, y que nada o casi nada se gana a base de castigos o repeticiones (en Finlandia, por ejemplo, esto lo tienen bastante claro).

Seguimos sin darnos cuenta de que el título de la ESO es un resumen de TODO lo cursado durante CUATRO AÑOS. Pensamos que con una asignatura, con una calificación de "cuatro", una alumna o alumno no merece titular.

Seguimos defendiendo el "café para todos", el mismo trato para todo el alumnado, sin tener en cuenta las desigualdades de partida, ni haciendo nada para que se superen. La atención a la diversidad consiste en que si suspendemos con un 4 a un niño o niña, debemos suspender a todas y todos quienes estén en ese caso.

Seguimos creyéndonos el ombligo del mundo...

...y así nos va.

miércoles, 4 de abril de 2012

Lágrimas en la lluvia

"Todos esos momentos se perderán en el tiempo
como lágrimas en la lluvia"

(Blade Runner)

"Lágrimas en la lluvia. Todo pasaría y todo se olvidaría rápidamente.
Incluso el sufrimiento"

(Rosa Montero)


Los últimos tiempos educativos, junto a mis últimos tiempos personales, hacen que el tono de este blog sea pelín desesperanzador, pelín triste... Cierto que este "Desde mi escuela" no es precisamente lo más alegre de toda mi producción bibliográfica (¿o "blográfica"?), pero ahora la situación es tremenda...

Estoy leyendo el libro de Rosa Montero, "Lágrimas en la lluvia", y aparte de que me gusta porque me suele atraer la ciencia-ficción y las películas futuristas, creo que hace toda una reflexión sobre hacia dónde camina la sociedad y el ser humano, sobre qué somos, qué queda de nosotros, cuál es nuestra esencia, qué es lo importante y lo que no en nuestras vidas, en nuestro mundo. Estoy ahora, justamente, en el pasaje donde aparecen las dos citas que pongo al principio de este post, y que dan título al libro.

¿Somos nuestra memoria? ¿somos nuestros recuerdos? ¿nuestra experiencia? ¿nuestros actos? ¿qué quedará de todo eso en el universo...? ¿somos algo más que "lágrimas en la lluvia"?

A la luz de los últimos tiempos, tal vez quepa pensar que muchas de esas verdades absolutas, esas instituciones intocables, esos Dioses intocables que nos rodean (en forma de economía, religión, estado, relaciones... y escuela) algún día no serán más que "lágrimas en la lluvia". La historia de la escolarización tal como la entendemos tiene apenas 200 años (siendo muy generosos), y eso... ¿es representativo?

Todo, todo lo que hacemos no es más que una mota de polvo en el universo...

...por eso son tan importantes las pequeñas cosas.

Por eso, lo único eterno que tenemos es disfrutar y hacer disfrutar, aprender, sonreir, brillar los ojos, emocionarnos, amar... vivir.

...y eso sucederá, y será para siempre, será eterno cuando suceda, a pesar de esas verdades inmutables, esos castillos y fuegos artificiales en que creemos, que no serán más que lágrimas en la lluvia...